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Domingo, 4 de octubre de 2026

El Cauca: una tierra de energía que transforma

Opinión - Por Neyla Yadira Amú Venté

El Cauca: una tierra de energía que transforma.

Por: Neyla Yadira Amú Venté.

Soy una mujer nacida en el pacífico colombiano, una mujer que lleva la fuerza de su gente en la sangre. hija y testigo de una tierra próspera con infinitas posibilidades de crecimiento y desarrollo. Mi tierra es el Cauca y para mí, hablar de este Departamento es hablar con el corazón y resaltar su potencial infinito, este territorio cuenta con siete subregiones que componen un relieve diverso y encantador, de gran riqueza hídrica, que incluye la llanura costera del Pacífico, la Cordillera Occidental, la Cordillera Central y el Macizo Colombiano, además del Valle del Patía. Un territorio multicultural habitado por indígenas, campesinos, afros y mestizos, conjunto de cualidades que, sin duda, hacen de éste, un departamento con una gran proyección de transformación que es posible únicamente si todos estos elementos entran en un diálogo que permita ir hacia el mismo objetivo, a pesar de las diferencias y desafíos.

Es común escuchar que el Cauca es un departamento pobre, ahogado en el conflicto y el olvido, afirmaciones incompletas y profundamente injustas que desconocen las decisiones históricas que nos han llevado a este punto. Sin embargo, hoy frente a la transición energética que vive el mundo, tenemos una oportunidad inmensa para cambiar ese relato.

Cuando hablamos de fortalecer las rentas departamentales, generalmente nos referimos a pensar en los ingresos tradicionales: los impuestos de licores, cigarrillos, juegos de azar, impuesto de vehículos, entre otros. Rentas que, aunque importantes, se quedan cortas para sostener las grandes apuestas que necesitamos en educación, salud, infraestructura y bienestar. Pero, ¿qué pasaría si hacemos de nuestras montañas, ríos, valles y costas el motor que impulse nuevas rentas, más limpias, más sostenibles y más justas?

Algunos datos a destacar respecto a nuestro potencial natural son:
  • Después de La Guajira, en el Valle del Patía encontramos que la radiación solar promedio supera los 4,5 kWh/m²-día,
  • Nuestro litoral Pacífico, tan golpeado por el olvido, posee vientos constantes que permiten pensar en parques eólicos a pequeña y mediana escala, proyectos que pueden generar empleo digno sin desarraigar a la gente.
  • Nuestros ríos son fuentes poderosas de energía hídrica través de pequeñas centrales hidroeléctricas.
  • La cadena volcánica de los Coconucos también nos permite pensar en la generación de energía geotérmica

Cada uno de estos caminos significa la posibilidad de diversificar la economía y generar nuevos ingresos que nos permitan invertir en todos esos proyectos que sueña y necesita nuestra gente.

Hablar de rentas departamentales suena frío y distante, como si fueran solo cuentas en un tablero. Pero para mí, hablar de rentas es hablar de niños que pueden estudiar en escuelas con techo solar, de familias que no tienen que terminar su día a punta de vela, de hospitales que no sufren apagones, de jóvenes que dejan de ver la migración como única salida. Imaginemos un Cauca que deja de depender exclusivamente de voluntades, trámites y transferencias nacionales, porque ha encontrado en sus propias fuerzas naturales un camino hacia la autonomía.

El mundo entero está avanzando hacia la transición energética y Colombia tiene el compromiso de que en 2030 al menos el 30% de su energía provenga de fuentes renovables. ¿Por qué el Cauca no puede liderar esa transformación? Tenemos lo que otros departamentos no: una diversidad geográfica única, comunidades resilientes, universidades que investigan y jóvenes que sueñan. Esta es una gran oportunidad que debe construirse con la gente, para la gente y desde la gente, con participación comunitaria, beneficios claros y con el compromiso de que esos ingresos serán realmente invertidos en el bienestar de nuestros caucanos y caucanas.

Porque la innovación no es un lujo, es una necesidad para sobrevivir en un territorio históricamente marginado. Apostarles a las energías renovables no es solo una estrategia económica, es también una manera de dignificar la vida, de reconciliarnos con la naturaleza y de garantizar que nuestros hijos no tengan que repetir la historia de la pobreza heredada.

El Cauca puede y debe convertirse en un referente nacional en energías limpias. Tenemos el sol, el viento, el agua y, sobre todo, la gente con el talento y la fuerza para hacerlo realidad. Lo único que falta es que tengamos la decisión colectiva de transformar el potencial en futuro.

Y aquí quiero cerrar con una convicción personal: el Cauca no está destinado a ser contado en cifras de atraso ni en dolorosos porcentajes de pobreza. Nuestro verdadero destino, el que debemos construir juntos, es ser recordados como el territorio que encontró en su diversidad natural la fuerza vital para sostener sus sueños. Que nuestras rentas no se midan solo en dinero, sino en bienestar real y compartido para todos y todas. Que la energía que nos regala del sol, viento y el agua se transforme directamente en hospitales más dignos, en escuelas más seguras, en carreteras que unan, y, sobre todo, en oportunidades claras para nuestra juventud. Porque al final, la verdadera riqueza del Cauca, nunca se ha medido en lo que se extrae, sino en lo que se siembra. Y hoy es tiempo de sembrar futuro, utilizando el potencial de las energías limpias con total justicia social, asumiendo la responsabilidad ineludible de proteger y cuidar el privilegiado patrimonio natural que nos dio la vida.

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