El verdadero amigo

El verdadero amigo

Me desperté y oré por mis amigos, que a lo largo de mi vida se han cruzado por mi camino y han llenado mis días de alegría y gratitud.
Estudios antropológicos han demostrado que el hombre fue creado para vivir en comunidad.
Es de gran bendición saber que contamos con los amigos en cualquier circunstancia; como agua refrescante en el desierto, así son los verdaderos amigos.
El verdadero amigo te invita a ser excelente; el buen amigo te exhorta cuando es necesario. Ora por ti y los tuyos en todo momento. Está presente en los tiempos de gozo y también en los tiempos difíciles.
El verdadero amigo escucha, consuela y fortalece en medio de la adversidad. Investigaciones de la universidad de Harvard han demostrado que, cuando se tienen amigos con quienes contar, el riesgo de depresión y ansiedad disminuye, porque compartimos nuestras penas y la carga se hace más llevadera.
La amistad también eleva nuestra autoestima, pues nos ayuda a confiar más en nosotros mismos y contribuye a una buena salud mental.
Por eso es importante aprender a valorar las amistades y cultivarlas, ya que pueden tener un gran impacto en nuestra felicidad y bienestar. Todos necesitamos compañía: para llorar, alegrarnos, divertirnos y sentirnos parte de un grupo.
Debemos procurar rodearnos de personas que amen a Dios y que nos acompañen cuando se requiera.
Así como Jesús eligió a sus amigos, de la misma manera debemos aprender a elegir los nuestros y a amarlos con amor ágape. El amor fileo es el expresamos a quienes nos caen bien, pero el amor ágape es el amor incondicional que edifica.
Todos queremos contar con amigos verdaderos, y aunque los podemos encontrar, el mejor amigo de la humanidad es Dios. Él envío a su Hijo unigénito para dar su vida y redimirnos de nuestros pecados.
Dios nunca nos desamparará. Siempre nos amará, porque Él es amor. Es nuestro amparo, nuestra fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
Además, contamos con la mejor de las promesas: que, aunque nuestros padres terrenales nos abandonen, con todo, Dios nos recogerá.
El verdadero amigo en quien podemos confiar y nunca nos defraudará es Dios.
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