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Sábado, 3 de octubre de 2026
viernes 4 mayo, 2012 a las 7:08 am

El Cristo de Bojayá

Por: Luís Barrera
Colombia recordó  la masacre del municipio de Bojayá en el Chocó, en la que murieron 79 personas y un centenar más quedaron heridas en medio de un enfrentamiento entre el grupo guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y la organización paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Tras más de un día de enfrentamientos, los habitantes del municipio chocoano se refugiaron, llamados por el párroco, en la iglesia, cuando un cilindro-bomba lanzado por las FARC impactó en la edificación y provocó la muerte de 79 personas, entre ellas 48 niños.

Diez años después, los sobrevivientes aún reclaman por una reparación integral por parte del Estado, y sus actuales habitantes de Bojayá denuncian el abandono al que están sometidos por parte del Estado que se ve reflejado en que sólo tienen luz durante 4 horas al días, un sólo médico para toda la población y no cuentan con agua potable.


Como testigo de esa oprobiosa acción terrorista que avergüenza la dignidad de los colombianos quedó el Cristo de Bojayá, una imagen que se negó a ser destruida para demostrar a los malos que Dios aunque es un Dios de Amor y misericordia permite el mal, el dolor y la tragedia en la gente inocente.

Al interrogante, tan doloroso como misterioso, sobre la existencia del mal solamente se puede dar respuesta desde el conjunto de la fe cristiana. Dios no es, en modo alguno, ni directa ni indirectamente, la causa del mal. Él ilumina el misterio del mal en su Hijo Jesucristo, que ha muerto y ha resucitado para vencer el gran mal moral, que es el pecado de los hombres y que es la raíz de los restantes males.

Dios no quiere el mal… solamente lo permite. Y lo permite porque Dios hizo a los seres humanos libres. Ser hombre o mujer significa ser libre, porque Dios quiere que lleguemos a Él en libertad. Ser libre significa que podemos escoger libremente el bien y también escoger libremente el mal. Con la libertad existe entonces la posibilidad del mal.

Al dejarnos llevar por el orgullo, el egoísmo, la mentira y por tantas otras seducciones del Maligno, crecen, entonces, la maldad, la injusticia, el desamor, la violencia como la ejercida demencialmente contra los inocentes de Bojayá y todos los demás males que vemos en nuestro entorno y en el mundo entero.

Sabemos que Dios puede sacar -y de hecho saca- bien de cualquier mal. El problema es que a veces nos cegamos y vemos sólo el mal y los males causados por el mal. Por estar tan alejados de Dios no podemos apreciar su actuación sacando bien del mal.

La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo.

La violencia no es el remedio, tenemos que hacer frente al odio con el amor, pero no hay peor  violencia que la del  olvido del Estado.

Pidámosle al Cristo de Bojayá que le de fortaleza y valor a quienes hoy siguen llorando sus muertos y esperando la mano solidaria de los colombianos.

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