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Lunes, 12 de octubre de 2026

De las playas del Pacífico al nevado de Los Andes

De las playas del Pacífico al nevado de Los Andes 1

De las playas del Pacífico al nevado de Los Andes
El Cauca es tierra de contrastes y legado de riqueza natural y humana

Alfonso Luna Geller

Es hora de descorrer el velo de la estigmatización. Es tiempo de que Colombia y el mundo vean al Cauca con otros ojos, más allá del eco persistente de la violencia y el narcotráfico que, como sombras tenaces, intentan oscurecer su verdadera esencia. El Cauca es tierra de riqueza abrumadora, no la engendrada por la ilegalidad que la lacera, sino de aquella esculpida por la generosa mano de la naturaleza.

De las playas del Pacífico al nevado de Los Andes

No es fácil encontrar en el universo otro territorio donde pueda disfrutarse, en un suspiro geográfico, desde las olas del mar Pacífico, pasando por fértiles llanuras azucareras del norte, a complacerse con las aguas serenas de la represa hidroeléctrica de La Salvajina para ascender a las cumbres níveas. Y no hay egoísmo: el departamento del Cauca surte de vida a más de la mitad de la nación colombiana, con las aguas de los ríos Magdalena, Cauca, Patía y el caudaloso Caquetá, que nacen en de su corazón: el Gran Macizo Colombiano.

De las playas del Pacífico al nevado de Los Andes

En nuestra tierra se alza, majestuoso, el Nevado del Huila, centinela de los Andes, cuya cima acaricia los 5.364 metros sobre el nivel del mar. Un gigante blanco, epicentro de un Parque Nacional Natural que es santuario de biodiversidad y hogar ancestral de los indígenas Paeces, quienes durante siglos han tejido una existencia armónica con este edén. Sus glaciares, un manto de hielo eterno de 6,5 kilómetros cuadrados, son refugio del águila real, el cóndor, el oso de anteojos. Aventurarse en sus alturas es un desafío para el espíritu indómito, una conexión visceral con la grandiosidad de la naturaleza, donde los amaneceres pintan el cielo de asombro.

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Y miren ustedes, en medio de esta exuberancia, emerge la labor silenciosa pero poderosa de hombres y mujeres que, como Sebastián, el de Belalcázar, cuya lente generosa nos permite atisbar esta belleza, trabajan incansablemente por resaltar la verdadera alma del Cauca. Su compromiso social, visible en cada una de sus fotografías, es un testimonio de la resiliencia y el amor por esta tierra, una invitación a reconocer que la narrativa del Cauca no está escrita únicamente con tinta de violencia.

El Cauca es crisol de culturas, despensa natural, territorio que clama por ser reconocido en su integridad. Tenemos que superar el reduccionismo fácil para poder contemplar la plenitud de su ser. El Cauca no es solo un escenario de conflicto; es un lienzo donde la naturaleza despliega su magnificencia y donde su gente, con tesón y orgullo, construye un futuro que merece ser contado.

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El Cauca produce historia, alimentos, vida, resistencia, biodiversidad. Produce fuerza espiritual. Produce poesía. Invitamos a caminarlo, no con botas de guerra, sino con los pies descalzos de la empatía.


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Alfonso J Luna Geller
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