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Sábado, 3 de octubre de 2026

UNA PALABRA MÁS SOBRE MUJICA

UNA PALABRA MÁS SOBRE MUJICA 1

UNA PALABRA MÁS SOBRE MUJICA

Por Jaime Cárdenas / Ya forma parte Mujica del sitial preferencial que ocupan los guerreros de nuestra América. Pensamiento y acción, acción y pensamiento se juntan en Mujica teniendo de presente el destino de este continente.

Podríamos situar a Bolívar como uno de los primeros protagonistas de esta aventura, formando el ejército de los indios, los negros, los llaneros, de los pobres de este rincón para dar la lucha contra el imperio español. Y por su vasta producción intelectual presente en sus cartas, en sus proclamas, allí lo vemos delineando lo que podría ser la confederación de repúblicas libres, la forma de estructurarse del poder y vislumbrando proféticamente el ánimo imperial de los Estados Unidos.  En él perviven el pensamiento político rousseauniano, los ecos de la Revolución Francesa.

Martí, por su parte, se empeña en dar identidad a nuestro mundo, su ensayo Nuestra América tiene total vigencia. Como Bolívar, a quien dedica un ensayo de gran lirismo y fuerza política, guerrea desde su caballo defendiendo su patria, muere en la gesta libertaria.

En el siglo XX la influencia es del marxismo y de su concreción en la Revolución rusa. Mariátegui explora el problema indígena a partir de la experiencia del Perú. Sesudos ensayos sirven para entender no solo la realidad de este país sino de Latinoamérica.

Fidel, a la cabeza del movimiento revolucionario cubano, entra a la Habana en 1.959. La influencia de Cuba, de la visión ideológica de Fidel, se va a sentir en los movimientos sociales y políticos latinoamericanos, algunos de ellos como los Tupamaros en Uruguay, quienes, siguiendo su ejemplo, buscarán infructuosamente el triunfo por el camino de las armas, de tal manera que condujeran al país de Galeano y de Benedetti al socialismo.  Otro tanto sucedió en los años 70 en el Brasil, en Chile, en Argentina y en Colombia.

UNA PALABRA MÁS SOBRE MUJICA

Mujica fue parte de la guerrilla tupamara, sufrió la prisión, las torturas, sobrevivió y optó por aceptar las reglas de juego político del establecimiento y llegó a la presidencia. Posteriormente se convirtió en un referente personal y político indiscutible de un sector de la izquierda de nuestros países.

Mujica desiste de tener como eje de la lucha popular a la confrontación clasista, aboga por la concertación con los sectores tradicionales y poderosos. Perfectamente se puede asociar este ideario a los partidos políticos inscritos en el siglo pasado en Europa en la socialdemocracia, el mismo que posteriormente fuera seguido por los partidos comunistas del viejo continente.

La pretensión de conjurar la disputa de los dominados contra los dominadores y optar por los pactos entre estos sectores antagónicos que pregonara Mujica ha significado un estruendoso fracaso. En Colombia, donde más fresco está el experimento, termina en un pacto que se hace añicos ante el desdén y la prepotencia de las élites, unificadas en un esquema de dominación que toca con los intereses del capital internacional, de sectores de la mafia, de los grupos de poder regionales. Igual ha sucedido en Brasil, en Argentina, en Chile.

Por su parte, en lo personal Mujica defendió en su prédica una vida austera y fue consecuente con su palabra. Llamó a la honradez de los gobernantes y él es un gran ejemplo de ética en el manejo de los dineros públicos.

En algún momento elogió a Sebastián Piñera, quien como presidente de Chile masacró a los mapuches, puesto que ordenó su linchamiento por los carabineros, los mismos que cortaron las manos y le dieron muerte a Víctor Jara, Piñera, el mismo que ordenó la violenta represalia contra los jóvenes indefensos que protestaban contra el neoliberalismo. Mujica contribuyó a la impunidad de los militares terroristas de la dictadura en el Uruguay. Al manifestar que ante las crueles torturas que le infringieran los militares uruguayos él no respondió con odio, permite confundir un asunto de orden emocional o de valoración con lo que tiene que ver con la necesidad de que los crímenes de lesa humanidad no queden impunes. El derecho penal no ejerce venganza, sanciona por la vulneración de bienes jurídicos que competen a la sociedad, independiente de que las víctimas sientan odio o perdonen en su interior a sus verdugos. La justicia no es cuestión de amor o de odio.

En el momento histórico en que Mujica llama a la individualidad, a los pactos, el capital ha dado un giro hacia la desposesión violenta, se desmontan todos los logros económicos y jurídicos del estado de bienestar, por eso es imposible que en el terreno de la vida material, es decir, en todo lo que comprende la vida del individuo en un momento histórico determinado, se consiga la emancipación de las múltiples miserias que lo determinan su cotidianeidad.

La idealización de los lideres o conductores sociales, derruye la credibilidad en la organización de la sociedad civil y le atribuye al tribuno poderes omnipotentes, generándose en las masas la aceptación de una palabra dogmática que remite a los estadios de la infancia donde la palabra de los padres era sagrada.

La perspectiva política de Mujica merece examinarse con calma, con las herramientas de la crítica que proveen las ciencias sociales, a la luz de las experiencias latinoamericanas, pensando en los habitantes de carne y hueso de este continente que padecen los rigores de las estructuras tremendamente injustas donde transcurre su existencia.

Mujica podía al menos desplazarse en su Volkswagen sin mayores contratiempos. Un obrero en Bogotá sale a las 5 de la mañana de su casa y ha aprendido a dormir agarrado a las vigas del Transmilenio mientras busca llegar a su trabajo. Demora 2 horas mínimo. Y cansado, vuelve a intentar dormir en ese Transmilenio que lo lleva de regreso al sur, a su hogar. Cuatro horas diarias en el transporte. Por míseras monedas. Y es él quien crea la riqueza. Merece otro destino, es justo que se le llame a que ejerza su derecho a rebelarse.


Imagen destacada: Juan Manuel Herrera/OEA. Licencia: https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/deed.no

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Jaime Cárdenas
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