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Domingo, 4 de octubre de 2026
martes 12 noviembre, 2013 a las 7:55 pm

De los avances del proceso de paz

Carlos E. Cañar Sarria
Carlos E. Cañar Sarria
CARLOS E. CAÑAR SARRIA
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               A raíz del anuncio de la aprobación del segundo punto de las negociaciones entre el Gobierno y las Farc, correspondiente a la participación política de este grupo insurgente tras la dejación de las armas, el país sintió una relativa sensación de alivio, toda vez que hoy más que nunca se vislumbra la posibilidad de alcanzar una paz estable y duradera después de un doloroso episodio de la historia nacional que ha bañado de sangre durante casi seis décadas todo el territorio nacional y afectado la infraestructura del país.

                  El segundo punto de las negociaciones es un avance significativo en procura de la pacificación nacional, no obstante, los cuatro puntos restantes, no es tarea nada fácil como el tema del narcotráfico. Pensamos que ahora más que nunca el país debe rodear y apoyar al presidente Santos en esta importante iniciativa de paz que nos recuerda el proceso de paz de Virgilio Barco con el M-19 y la consecuente apertura política después de que este grupo guerrillero hizo dejación de las armas. El país sabe que después del tratado de paz con el M-19 han sido más los logros que las limitaciones. Se pudo culminar un acuerdo definitivo entre el Gobierno y el M-19 que permitió la dejación de las armas de este grupo guerrillero que durante 15 años se caracterizó, entre otras cosas, por su gran capacidad operativa.

                  La paz es un derecho y un deber constitucional. Si para hacer vigente esto es necesaria la apertura política respetando la Constitución y las leyes, no vemos que cobren sentido las reacciones de rechazo, temor o pesimismo de la oposición uribista que parece más interesada en prolongar la guerra que darle una esperanza de paz a un país que está cansado de la recurrencia al odio, a la fuerza y a la violencia para dirimir los conflictos. Toda empresa de importancia tiene sus enemigos y detractores; lo cierto es que el país no se puede polarizar entre quienes quieren la paz y los que prefieren la prolongación de la guerra. Sin duda la mesura y la racionalidad debe primar en un propósito nacional.

                   El filósofo colombiano Estanislao Zuleta, con razón sostiene que un pueblo maduro para el conflicto está maduro para la paz. En un mundo moderno y en un gobierno de corte liberal como el de Santos es la racionalidad y no la violencia lo que debe caracterizar la cultura política de los colombianos. Por ello, no podemos entender el vociferar del ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón que mientras avanzan los diálogos de La Habana se dedica en los medios de comunicación a despotricar en términos de subestimación del enemigo, nada prudente en momentos en que se deben reducir las ofensas. Esto ha conducido a que columnistas como Ramiro Bejarano Guzmán se haya pronunciado en los siguientes términos: “…Y el ministro de Defensa, Juan Carlos  Pinzón, no desperdició la oportunidad de lanzar otra provocadora  declaración de tinte incendiario. Cada día parece más un escudero de Uribe que ministro de Santos”. León Valencia, al respecto anota: “El Presidente le tendrá que cambiar el libreto al ministro de Defensa. Sus ataques verbales, que muchas veces rayan en el ridículo, no le hacen bien a la Mesa de negociaciones”.

                   En momentos en que se adelantan los diálogos con las Farc el país debe ahorrar mezquindades. El discurso del candidato uribista, Oscar Iván Zuluaga, en contra de la reconciliación nacional muestra estar más interesados en prolongar la guerra. El cambio de votos por las balas se hace cada vez más necesario en el país. No es algo fácil despejar los corazones de odio y de venganzas, sobre todo de parte de aquellos actores sociales que en su condición de víctimas han sufrido en carne propia las tragedias de la guerra, pero si existe una posibilidad de paz hay que aprovecharla pensando en el futuro de Colombia y en las nuevas generaciones. En el Leviatán, el filósofo inglés Thomas Hobbes, nos habla de las veinte leyes naturales. Recordamos algunas: “Hay que buscar la paz”. “Que los hombres cumplan los pactos que han celebrado”. “Que dando garantía del tiempo futuro, deben ser perdonadas las ofensas pasadas de quienes, arrepintiéndose, desean ser perdonados”. “Que en las venganzas los hombres no consideren la magnitud del mal pasado, sino la grandeza del bien venidero”.

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