Una croniquilla: Los dos loquitos

Una croniquilla: Los dos loquitos
Marzo 21/2004

Esta mañana, muy temprano, poco antes de salir el sol, cuando sacaba de paseo a Dante –mi bello y noble pastor alemán–, pudimos presenciar una extraña y simpática escena: al llegar a la curva de una calle cercana a la de nuestra casa, un loco de esos al que todo mundo llama desechable; pero que en realidad es un auténtico loco, un verdadero enfermo, un demente, un vesánico (lo conocemos desde hace como ocho años, cuando llegamos a este vecindario. Es muy “sano”, no fuma ni toma alcohol, tampoco consume drogas de ninguna clase), caminaba frente a nosotros como a unos 10 metros, en el mismo sentido; es decir, dándonos la espalda –lo reconocí por su caminado y su facha–. Farfullaba, a “volumen moderado”, ininteligibles palabras; mientras agitaba sus manos como aspas. De vez en cuando miraba al cielo y señalaba con su índice todas las casas.
No bien habíamos doblado la curva, apareció un tipo semejante a Serafín –así le llama todo el mundo. Ignoro si es su verdadero nombre, o es porque tiene algo de místico, del celestial ángel–; es decir, otro “desechable”, un lunático, un orate, el cual jamás habíamos visto por estas calles. Venía en sentido contrario al nuestro. Traía un costal al hombro, agarrado con su mano derecha. También farfullaba un discurso, audible pero igualmente ininteligible, mientras su mano libre y empuñada hacía movimientos rápidos, enfáticos; como si discutiera con alguien. De pronto se detenía un segundo y lanzaba puntapiés, pero no como pateando el aire, un balón u otro objeto cualquiera; no, daba la impresión que golpeaba a un ser vivo, animal o persona.
Pero, bien, vamos al grano.
Lo que me pareció extraño; y a la vez simpático, fue lo que ocurrió casi que tan pronto se divisaron; a tan sólo una distancia como de doce o quince pasos, pues caminaban como sin mirar ni ver a nadie: ambos bajaron simultáneamente la cabeza, continuaron caminando, un poco más erguidos y sólo mirando hacia el piso. Dejaron de farfullar, de agitar sus manos, de señalar y de lanzar patadas, y pasaron uno junto al otro, muy serios y silenciosos y cabizbajos, como si no se hubieran visto; cada uno como “haciéndose el loco”. Es decir, caminaron y se cruzaron, cada uno como ‘haciéndose el no loco’.
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14 Postrinos
- MIENTRAS ESCUCHO LAS VARIACIONES GOLDBERG
Mientras escucho Las variaciones Goldberg, de J. S. Bach, con el genial Gleen Gould al piano; su mayor interprete, leo la novela El malogrado, de Thomas Bernhard, que versa sobre «Un hombre que a raíz del suicidio de su mejor amigo viaja hasta su antiguo hogar en Austria. Allí rememora la pasión que ambos compartían por el piano, y la turbia amistad que los unió, trastocada al conocer al virtuoso Gleen Gould».
La música y la lectura, dos de los mayores dones espirituales que a algunos dichosos afortunados (valga la redundancia) nos concedió la vida. No los cambiaría por todo el oro del mundo.
Y no puedo evitar sentir algo de conmiseración por aquellas personas; en especial amigos y parientes, que inclusive a pesar de ser adinerados, la vida les negó rotundamente el acceso a estas dos formas de la dicha.
Enero 31, 2025
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- NO, ES IMPOSIBLE. NO PODEMOS IMAGINÁRNOSLO
«¿Podemos imaginarnos lo que ha acontecido en el alma de un Shakespeare, de un Cervantes, de un Rembrandt, mientras creaban sus obras imperecederas? A ello puedo contestar rotundamente «No, es imposible. No podemos imaginárnoslo.» La concepción de un artista es un proceso interior. Tiene lugar en el espacio aislado e impenetrable de su cerebro, de su cuerpo. La creación artística es un acto sobrenatural en una esfera espiritual que se sustrae a toda observación».
Stefan Zweig, texto tomado de una conferencia pronunciada en Buenos Aires, Argentina, titulada El misterio de la creación artística.
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- Lo más deplorable de la muerte es saber que no existe cielo ni infierno donde podamos concluir aquello que escribíamos, ese libro que leíamos, la película o la serie que veíamos, todo aquello que; inexorablemente, ha de truncarnos cuando llegue.
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- Ese avisito de ‘puede contener escenas de sexo y violencia’, más que una advertencia parece una promesa.
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- «La recompensa del arte no es la fama o el éxito, es una sensación de ebriedad: por eso, tantos malos artistas son incapaces de abandonar».
Cyril Connolly, en The unquiet Grave (La tumba sin sosiego)
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- Elemental, mi querido Sigmund, los trastornos mentales no radican en el inconsciente, sino en el cerebro, como bien lo demuestra la neurociencia: neuropsicología, neuropsiquiatría, psicología evolutiva, etc.
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- Hay una suerte de máxima o dicho que, al parecer, se conoce en todo el mundo: “la pobreza no es un pecado”. Lo cual; obviamente, es verdad. Pero no menos cierto es que; aunque no lo sea, inexorablemente ella nos condena a padecer muchos y diversos infiernos.
Mejor sería decir; entonces, que la pobreza no es un pecado, es sólo una desgracia.
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- Unos, devotos de laVirgen del Perpetuo Socorro; otros, de las Madonas del Perpetuo Celo.
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- «Según Heródoto, lloraba Jerjes viendo su inmenso ejército, exclamando que dentro de cien años ninguno viviría; quién no lloraría al ver el grueso catálogo de la librería de la feria de Leipzig, pensando que de todos esos libros ya no vivirá ninguno después de diez años».
Arthur Schopenhauer (1788 – 1860)
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- 10.La única razón válida para afeitarse el vello púbico es la exhibición; sino, ¿por qué ponerse en tan antinatural trabajo, con sus riesgos y sus molestias?
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- La equidad de género en el tenis sólo será completa cuando las damas comiencen a insultar jueces y romper raquetas; en lugar de ponerse a llorar, como nenas.
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- La vida es un hueso tan duro de roer, que lo primero que pierden los poetas es los dientes.
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- Podía leer muy bien sus labios, todo aquello que decía sin abrirlos.
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Créditos de la fotografía: IA
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