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Sábado, 3 de octubre de 2026
sábado 26 mayo, 2012 a las 12:45 pm

DIOS NOS AYUDA EN NUESTRA DEBILIDAD

Pbro. Edwar Gerardo Andrade Rojas
Párroco Iglesia Stma. Trinidad – Santander de Quilichao, Cauca

Dios no permite que seamos sometidos a pruebas más grandes que nuestras fuerzas “No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas” (1 Co 10, 13). “Más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia” (Rom 5,3). Dios sabe que somos débiles y caemos en pecado, quiere que reconozcamos nuestras debilidades, las confesemos, nos arrepintamos, y Él que es justo, nos perdonará y nos ayudará a salir adelante “Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia” (1 Jn 1, 9) “Pero él me dijo: mi gracia te basta, que mi fuerza se demuestra perfecta en la flaqueza. Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo de mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo (2 Co 12, 9). Por ello, cuando ofendamos a Dios y el pecado manche nuestra vida, no pensemos que todo está perdido, que Dios no nos perdonará.  Si nos reconocemos como niños débiles y dependientes del Padre, si nos acercamos a Dios y reconocemos que necesitamos de su auxilio y perdón, Dios nos concederá la redención de nuestros pecados. Dios promete ayudarnos y satisfacer todas las necesidades que tenemos como niños espirituales:

Llorar= orar, clamar a Dios, pedir, etc. El llanto expresa que el niño tiene una necesidad, es un llamado que él hace. Nosotros debemos clamar a Dios, buscarle y pedirle su ayuda. En Jeremías 33, 3 nuestro Padre nos dice: “Llámame y te responderé y mostraré cosas grandes, inaccesibles, que desconocías”, S. Nicolás de Flue decía: “Señor mío y Dios mío, quítame todo lo que me aleja de ti. Señor mío y Dios mío, despójame de mí mismo para darme todo a Ti”.


Alimentarse = Crecer, madurar espiritualmente: Es indispensable que toda criatura se alimente y de acuerdo a su edad reciba el alimento necesario para crecer y madurar. Dios nos da el alimento espiritual de su Palabra “Te humilló, te hizo pasar hambre, te dio a comer el maná que ni tú ni tus padres habíais conocido, para mostrarte que no sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Yahveh” (Deuteronomio 8,3); “Tú, en cambio, persevera en lo que aprendiste, y que desde niños conoces las Sagradas Escrituras, que pueden darte la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda Escritura es inspirada por Dios y útil, para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia, así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena” (2 Timoteo 3, 14-17); “Poned por obra la Palabra y no os contentéis solo con oírla, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1, 22) que nos hace crecer. También nos provee el alimento de la Eucaristía y el Pan de Vida Les dijo Jesús: Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed” (Jn 6,35); “No se aparte el libro de esta Ley de tus labios: medítalo día y noche; así procurarás obrar en todo conforme a lo que en él está escrito, y tendrás suerte y éxito en tus empresas” (Josué 1,8), Dios quiere que crezcamos saludables no solo de Cuerpo sino también de espíritu.

Descansar = confiar, caminar en la fe, no atarse o preocuparse, crecer: Estamos llamados a descansar en el Señor como lo hace un niño, con la seguridad de que sus padres suplirán  cada una de sus necesidades de la mejor manera. El descanso en el Señor nos lo da la confianza en que Él suple nuestras necesidades, como lo expresa el salmista al afirmar: “Sólo Él me salva y me protege. No caeré porque él es mi refugio” (Salmo 62,2). Creer que Dios cuida de nosotros depositando toda nuestra confianza en Él, para no afanarnos ni preocuparnos “Confiadle todas vuestras preocupaciones, pues él cuida de vosotros” (1 P 5, 7), caminando siempre en la fe “Te llevarán ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie”(Sal 91, 12).

“No te dejes vencer por el mal. Antes bien, vence el mal con el bien” (Rom 12, 21).


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