ENEMIGOS INVISIBLES
JOSE LOPEZ HURTADO*
En la medida en que se den los indicios de que un hecho está próximo a presentarse , en ésa misma medida, el grado de responsabilidad por parte de personas o instituciones obligadas a evitarlo, es mayor, en tratándose de eventos naturales, como la erupción de un volcán, o de los originados por el hombre, por acción u omisión, como en Chernobyl, o como por ej., en la aspersión del glifosato en Ecuador, Argentina o Colombia.
Es claro que los atentados a las Torres Gemelas, no podían preverse por obedecer a acciones demenciales del terrorismo internacional y en consecuencia, resultaba imposible derivar responsabilidades con relación a sus letales efectos sobre la salud de la población, particularmente sobre aquella que intervino directamente en las operaciones de salvamento y de limpieza en el sitio de la tragedia. Pero esa responsabilidad se originó cuando al otro día de los ataques, el gobierno salió a decir que el aire de la zona era seguro para la salud y no representaba peligro alguno, posición que con el correr de los años ha sido desmentida por los dramáticos cuadros clínicos que se han presentado y que han elevado más allá de las 3.000 víctimas directas, a otras tantas fallecidas por cáncer sobreviniente.
La reciente muerte de la «reina de la música disco», Donna Summer, y casos como los del expolicía Reggie Hillaire, Jhon Devlin, de la colombiana Gloria González, entre miles de personas que tuvieron participación directa en las acciones posteriores al 11-S, como personal de apoyo, a escasos meses de la celebración de otro aniversario, ha recordado a la célebre Ley Zadroga, que tras un extenuante filibusterismo de los republicanos logró ser aprobada casi a los nueve años de su discusión, con un soporte de más de 4.000 millones de U$S, para atender a las víctimas de problemas respiratorios y otros (asma, estrés postraumático y ansiedad), como consecuencia de su trabajo en la llamada Zona Cero.
Dicen los estudios especializados que las más de 500.000 toneladas de acero y hormigón que se fueron al suelo, desprendieron un aire enrarecido de toxinas que incluían amianto, silice, mercurio y plomo, elementos mortales para la salud humana. El solo amianto o asbesto, producto mineral de gran durabilidad y reducido costo, se utiliza en acabados de fachadas, mantas y tejidos aislantes, en pinturas impermeabilizantes y en pastillas y zapatas de freno, y tiene la particularidad de adherirse fácilmente a la ropa, por lo que su mortal efecto puede multiplicarse en quienes entren en contacto con el agente portador. Su uso indiscriminado ha sido prohibido en los países llamados industrializados, pero se sigue utilizando en los del Tercer Mundo y de América Latina, como ocurre con el letal glifosato, que se asperja sobre los cultivos de coca, o como sucede con las antenas de telefonía celular, según lo hemos denunciado en foros internacionales recientemente.
Los médicos del Instituto Nacional para la Seguridad Ocupacional y Salud, encargado de la salud federal del World Trade Center, han desmentido la relación causa-efecto que pudiera existir entre el polvo contaminante proveniente de la zona del siniestro y los numerosos casos de cáncer que vienen apareciendo a los 10 años, en personas expuestas en primera línea por un tiempo considerable en la remoción de escombros.
De ahí que la célebre Ley Zadroga, establecida sólo para algunas víctimas colaterales, y que contempla tratamientos médicos y subsidios, quiera ser reformulada por algunos sectores que estiman que también debe aplicarse, precisamente a quienes vienen siendo víctimas del cáncer. Todo indica que las víctimas de los atentados terroristas de 11-S se seguirán presentando, por razón de los enemigos invisibles que aún, al parecer, siguen pululando en la atmósfera. “La gente que se ha muerto es suficiente prueba”, dice Jhon Feal, fundador de la organización Feal Good, afectado igualmente por los fantasmas vivos del siniestro.
NB: Asistiremos ésta semana a la FIMA (Feria Internacional del Medio Ambiente) a realizarse en Corferias de Bogotá. Nuestra participación como expositores, no se ha definido.
· Analista Internacional, colombiano.
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