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Miércoles, 7 de octubre de 2026

La gestión de los mandatarios del Cauca

La gestión de los mandatarios del Cauca
La gestión de los mandatarios del Cauca
Alfonso J Luna Geller

Gobernar el departamento del Cauca o su capital, Popayán, es un desafío para sus mandatarios.

Existe una combinación de factores históricos, sociales y estructurales que limitan significativamente la capacidad de gestión.

En primer lugar, la región ha sufrido un abandono crónico por parte del Estado, lo que se traduce en una infraestructura débil, falta de inversión y escasez de servicios esenciales en áreas rurales y urbanas.

A esto se suma la presencia de grupos armados ilegítimos que estimulan la minería ilegal, el narcotráfico y cuanto esperpento criminal sea oportuno para la codicia, y que controlan gran parte del territorio dificultando el ejercicio del poder gubernamental, ya que los mandatarios deben operar en un entorno donde su autoridad es constantemente desafiada.

El subdesarrollo estructural, el permanente deterioro del orden público y la pobreza de gran parte de la población generan alta dependencia de las decisiones nacionales, pues las herramientas locales son insuficientes para abordar problemas de tal magnitud.

Es más, los mandatarios del Cauca, lejos de contar con un respaldo eficaz, se enfrentan a estos problemas sin los recursos y políticas de respaldo que podrían hacer una diferencia en su gestión. Esto los obliga a tomar decisiones con recursos limitados, en un entorno donde las demandas superan ampliamente sus capacidades de respuesta.

En este contexto, la empresa Cifras & Conceptos S.A. acaba de publicar el Panel de Opinión 2024, decimosexta medición. Los resultados reflejan una alarmante tendencia: los niveles de percepción sobre la gestión del gobernador del Cauca y el alcalde de Popayán durante el último año, se encuentran entre los más bajos del país.

Es obvio que en contextos como los de Cauca y Norte de Santander (que quedó en último lugar), los factores de violencia, cultivos ilícitos y otros problemas estructurales deterioran la confianza de los ciudadanos en sus autoridades. En consecuencia, los bajos puntajes reflejan la complejidad de gobernar en territorios profundamente afectados por la violencia y la inseguridad.

Es fundamental que entendamos las implicaciones de estos datos, de estas actitudes cívicas, mejor, porque ratifican lo que muchos ya sabemos: el abandono del Estado sigue vigente en esta región.

Lo grave es que cuando se intenta alguna intervención, vienen la obstrucción y las críticas de ciertos sectores que han detentado el poder por muchos años, y para quienes es necesario mantener ese statu quo de atraso y marginalidad. Por ejemplo, la Operación Perseo, lanzada recientemente con el objetivo recuperar el control del corregimiento El Plateado, municipio de Argelia, en poder de las economías criminales encontró resistencia, no solo de los grupos armados sino también de ciertos sectores con evidentes intereses políticos, económicos y sociales que prefieren preservar sus privilegios, aun si eso significa mantener a la región en condiciones de pobreza y exclusión.

Por tanto, los bajos niveles de percepción no son simplemente un reflejo del desempeño del mandatario, sino una señal del complejo contexto en el que intenta gobernar.

Para que se produzcan cambios significativos, es esencial que el Estado colombiano reconozca la realidad del Cauca, y de Popayán, y brinde el apoyo estructural y financiero necesario, lo que permitiría a los dirigentes regional y local implementar políticas que realmente transformen las condiciones de vida de la población.

Reitero, la percepción negativa sobre la gestión no debe ser vista únicamente como un reflejo de la ineficacia de los administradores, sino como un indicador de las complejas realidades que deben enfrentar en su día a día. Para abordar estos desafíos, es fundamental que se reconozcan las condiciones adversas en las que deben operar y se busquen soluciones integrales que involucren a toda la comunidad.

Reconocer que Cauca ha sido históricamente un territorio marcado por el subdesarrollo estructural, ha sido reiterativo, igual, que se ha relegado a la región a un segundo plano. Esta realidad ha sido exacerbada por la creciente criminalidad y el narcotráfico, que han desplazado la presencia del gobierno en un el 60% del territorio.

En este contexto, es escandaloso e injusto dejar a nuestros mandatarios solos, sin las herramientas y recursos necesarios para enfrentar estos desafíos y transformar sus comunidades.

El departamento del Cauca se despliega en tres zonas paralelas, de sur a norte, cuyos sectores rurales, casi todos, se encuentran fuera del control de las autoridades competentes. En la zona montañosa de la cordillera Occidental, proliferan los cultivos ilícitos en lugares como Toribío, Jambaló, Caldono, Belalcázar, Bolívar, etc. y la minería ilegal en Mercaderes y otros municipios, donde se desafía la presencia del Estado, dejando a la población en un limbo de inseguridad y abandono. A lo largo de la vía Panamericana, un corredor social, académico, industrial y comercial, se encuentran los centros urbanos de Santander de Quilichao, Piendamó, Popayán, Timbío, Rosas y El Bordo-Patía, que, aunque gozan de ciertas garantías por ser centros urbanos, no logran ocultar la fragilidad del tejido social que los rodea. En contraste, el litoral del Pacífico, con sus áreas rurales, sufre una ausencia casi total de control estatal, dividiéndose en dos grandes vertientes: el Cañón del Micay (Argelia, El Tambo, Guapi, Timbiquí) y la Región del Naya (Buenos Aires, López de Micay) que se han convertido en rutas clave para el tráfico de cocaína a nivel mundial.

Además, la falta de atención del Estado hacia la titulación de tierras ancestrales de comunidades afrodescendientes e indígenas ha propiciado una desestabilización social alarmante, principalmente en la región del Naya, que ha dejado a estas poblaciones en una lucha constante por su supervivencia y derechos, en un entorno marcado por la violencia y la ilegalidad.

Entonces, los resultados de la encuesta deben servir como un llamado a la acción, un recordatorio de que el abandono del Estado en el Cauca no es un fenómeno nuevo, pero tampoco puede ser ignorado.

En este contexto, la gestión del gobernador y del alcalde de Popayán deben ser valoradas de manera justa y equitativa. A pesar de las limitaciones y obstáculos, han trabajado incansablemente para mejorar la calidad de vida de los caucanos, implementando programas y proyectos que buscan superar la pobreza, la violencia y la exclusión.

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