LA ENGAÑIFA DE LA “INVERSION EXTRANJERA”
Vista del Pico Ritacuba en la sierra nevada del Cocuy que ya no existe
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
“El impacto económico de uno de los problemas ambientales mundiales, el cambio climático, hará un hueco hondo en las finanzas de América Latina y el Caribe, según estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Cepal y el Fondo Mundial para la Naturaleza”, dice hoy lunes 11 El Tiempo*
La verdad contenida en el presente texto no es una tesis que vaya a causar pánico económico. El pánico, sin embargo, debería empezar a frenar los hechos. Pánico porque la extracción, venta y consiguientes destrozos a la ecología patria y el desplazamiento de comunidades son hechos manifiestos que reposan en fotos, informes y en movimientos ciudadanos de protesta.
El gobierno nos tiene embaucados y embarcados con sus alegres anuncios de que hay miles de licencias de exploración minera, de “aprovechamientos forestales” a empresas nacionales y extranjeras. Casi todas las regiones del país están horadadas por enormes cuchillas, uñas de hierro de retroexcavadoras que devastan montañas y vegetación virgen con su flora y fauna.
De Canadá, Inglaterra, España, EE.UU, y otros países han llegado multinacionales a llevarse no solo nuestro oro, platino, níquel, uranio, carbón. Principalmente se están llevando algo que no tiene cuerpo y no lo pueden encerrar en containers. Se nos están robando nuestro futuro ecológico y el de América. Con sapiencia y buenas argucias, cambio de logos y nombres, multinacionales han logrado conseguir permisos de explotación a precios irrisorios y con regalías ínfimas. “De grano en grano llena la gallina el buche”, dirá el gobierno. Y así se aumenta el PIB nacional ante el mundo y los sorprendidos colombianos.
En realidad, se están secando nuestros ríos con las desviaciones, con las obras con las que reemplazan el paisaje que había, están desplazando aves, animales de tierra, de organismos vegetales únicos en el planeta, se están extinguiendo especies raras de peces. Se está despojando de su derecho a poseer la tierra de sus abuelos a los habitantes de esos poblados y veredas en épocas pasadas llenas de paz y descanso. Se está desflorando la capa vegetal de los ríos, los humedales, los guaduales, la tierra se está resecando y en los páramos los frailejones tienen sus hojas negras y los picos en el Cocuy y nevados ya no tienen su capa helada.
Algunos noticieros y activistas de la naturaleza lo están denunciando, pero los permisos se siguen otorgando, los bulldózeres siguen tumbando cunetas y la dinamita sigue sonando en las cañadas. Su labor es tan maligna como la de los guerrilleros y otros delincuentes. Y el gobierno, los ministerios, las Agencias nuevas, el Congreso, la Procuraduría y hasta la Contraloría calla porque eso no es “dinero” robado. Y de “inversionistas” se está plagando nuestro suelo. En Cauca, Nariño, Boyacá, Risaralda, Huila, Tolima, Valle, Chocó, Arauca, Santander, Antioquia, Bolívar, Guajira… pululan como ratas y corroen como herpes.
A donde uno mire, allí hay muerte de ríos, quebradas, riachuelos, muerte de aguas que dan vida a las gentes, muerte de bosques que dan aire a los pulmones. Hay más muerte de esta suerte que caer por bala de grupos insurgentes. Y el Gobierno no frena este despojo de nuestro patrimonio ancestral, de nuestro recurso no renovable. Ya el paisaje no será el mismo, ya no habrá rumor de río, no cantarán los pájaros, no correrán los cuyes, los venados, los borugos, los zainos, las ranas no cantarán en la noche y las garzas no podrán mostrar las alas en su vuelo majestuoso. Porque eso no es dinero… y no interesa a los inversionistas.
¿Será la gran herencia que adereza este gobierno de la Prosperidad?
11-06-12 11.18 a.m.
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