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Martes, 6 de octubre de 2026

DE PASEO POR LA ORILLA DEL RÍO CALI

cigueña
Bulevar de los Días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

cigueñahttp://www.fotocommunity.es/pc/pc/display/20056075

No muy de madrugada estoy saliendo del brazo con mi novia a dar placer a mis músculos y fortaleza al cuerpo. Es un ejercicio para el cual estoy dedicando al menos tres cuartos de hora diaria. La salud lo pide y la Naturaleza lo brinda. Salgo en las mañanas antes que los rayos del sol hagan mella en mis orejas, nariz, cuello y brazos. Eso dicen. Que el sol antes de las 10 a.m. es benigno y saludable.

Tengo la fortuna de que está cerca de mi hogar el lecho por donde corre el Río Cali. Hay avenidas y senderos propicios para ir a pie a sudar y dar vigor al corazón, pulmones y piernas. Y, sobre todo, a gozar del paisaje. Río con aguas semilimpias, árboles, aire respirable, cielo azul, sol delicado, perros que desfilan sin bolsa y con dueño, aves desprevenidas que buscan guarida y piedras grandes que montan guardia al pie del dócil río que recibe aguas del Aguacatal, del Cali y de los vertederos de barrios. Ah, y casonas antiguas que piden mejor suerte.

Lo primero que uno ve es que los andenes han sido restaurados por empresas de seguros y hoteles. Se puede pasear casi sin riesgo de tropezar en pedruscos o caer en huecos. La Avenida que conduce a la Portada al Mar que delimita la parte occidental está sembrada por dos o tres retenes para detener motos y camioncitos estacas y un CAI ambiental donde estuvo habitando un saurio comelón.

No bien uno inicia el paseo cuando se encuentra con el Gato de Tejada, parte de la imagen cultural de Cali. Como no puede haber gato encerrado, a la gente se le ocurrió ponerle 20 gatas mimosas al lado. Pintores e ilustradores se prestaron para vestir de colores, pintas extravagantes y hasta con púas a las novias improvisadas que enroscan su cola detrás del gato formando una pequeña comunidad gatuna.

Las riberas del Río están llenas de verde. Pastos altos, cañaverales de adorno, y árboles que baten sus ramas solemnes aireando el trote de los paseantes. Allí alegran el paisaje ceibas centenarias, samanes, mangos, guácimos, cauchos, palmas de diversa clase y altura, sauces con veste amarilla y algún sietecueros solitario. Hay prados bien peluqueados que lucen flores y aromas.

La novedad del momento la constituyen una docena de garzas que han venido a engalanar las aguas de lo queda del Río. La mayoría son negras con patas largas de color encarnado lo mismo que su largo pico. Las acompañan, de pronto, dos o tres compañeras blancas de alguna familia lejana, pues tienen las patas amarillas, alondras, loritos, mirlas, azulejos y chamones.

Las garzas negras son todo un espectáculo. Guardan gran compostura, pues solo se preocupan de posar ante las cámaras mientras picotean entre la leve corriente del líquido en busca de algún alimento fresco y sano. De vez en cuando lanzan sus alas al viento para la foto. Entonces alargan su esbelta figura sin mostrar miedo ni voltear la cara como hacen otras divas ante los incómodos paparazzis. Ellas están de visita con la única joya que tienen. Su plumaje liso y brillante, su color negro afrodescendiente, su patas y pico rojizos, su elegante desplegar en su vuelo y su discreto picotear al tomar el alimento del plato con fondo de piedra y cieno.

23-09-13                                          12:15 p.m.

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