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Jueves, 15 de octubre de 2026

El 2023 será el más caliente registrado «en miles de años»

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El 2023 será el más caliente registrado
«en miles de años»

Alfonso J Luna Geller

Con la advertencia de que “la humanidad está en riesgo”, expertos de la Nasa, como el climatólogo Gavin Schmidt, pronosticaron que las altas temperaturas que están sucediendo por todo el mundo pueden provocar que el 2023 sea el año más caluroso, «en miles de años».

En esta temporada que avanza, cuando el mundo se ha visto sacudido por incendios y graves alertas sanitarias, además de nuevos registros récords de temperatura por todas las naciones, según las herramientas de monitoreo de la Unión Europea y de la Universidad de Maine, en Estados Unidos, los ciudadanos quedamos, simplemente alarmados.

Según los científicos, estos efectos no pueden atribuirse únicamente al patrón meteorológico del fenómeno de El Niño, un evento climático recurrente vinculado al calentamiento del océano Pacífico ecuatorial, sino a que “seguimos introduciendo gases de efecto invernadero en la atmósfera».

Italia, España, Francia, Estados Unidos, China y Japón, y Colombia, han sufrido picos de la ola de calor, con temperaturas superiores a los 40 grados centígrados. Los incendios forestales fuera de control, han destruido millones de hectáreas, últimamente en Grecia y Canadá, según confirmó John Nairn, un experto en calor extremo de la Organización Meteorológica Mundial de la ONU, advirtiendo que “este tipo de situaciones continuará creciendo en intensidad y el mundo necesita prepararse para olas de calor más intensas».

En lugares donde se superan los 45°C las temperaturas pueden permanecer en los 40°C durante la noche, lo que es más peligroso para la salud que la temperatura diurna, agregó. «Las temperaturas nocturnas son particularmente peligrosas para la salud humana porque el cuerpo es incapaz de recuperarse del calor permanente, lo que lleva a un aumento de ataques al corazón y a muertes», explicó.

El cambio climático «es una amenaza para la humanidad», también dijo en Pekín el enviado de la Casa Blanca para el clima, John Kerry, en un viaje para reimpulsar la cooperación sobre este tema entre los dos grandes contaminantes mundiales.

El asunto es que la humanidad está sobrepasando límites, incurriendo en riesgos colosales que comprometen la vida humana y la de todos los animales y plantas y que tienen que ver con el agua dulce disponible, la capa de ozono y los niveles de contaminación.

Todo, porque para “poderosos” empresarios e industriales, principalmente, lo importante no es la vida sino el dinero y la “riqueza” a partir del cambio del uso del suelo (alteración del ecosistema para agricultura, uso excesivo de fertilizantes, y minería intensiva), de flujos bioquímicos, de reducción del ozono estratosférico, y el uso anormal del agua dulce, que se suman a la contaminación cotidiana provocada por todas las personas en todos los lugares donde hay vida humana.

Por esta razón extrema, todos tenemos que ser gran parte de la solución. Una transformación segura y justa requiere urgentemente la acción colectiva por parte de múltiples actores, especialmente en los gobiernos y las empresas, para actuar dentro de los límites del sistema Tierra.

Las olas de calor contrastan con fuertes lluvias, inundaciones y avalanchas provocadas por ríos represados que dejan destrozos, cortes viales, muertos y desaparecidos.

Para todo esto, necesitamos estar preparados porque además, la situación tendrá repercusiones importantes sobre la salud, la seguridad alimentaria, la gestión del agua y el medio ambiente.

Obviamente, Colombia no es la excepción, al contrario. La deforestación en Colombia está extinguiendo la selva. En 3 décadas, el país perdió 5,4 millones de hectáreas. Los protagonistas del desastre: los que quieren convertir la Amazonía en un gran latifundio ganadero y de cultivos industriales intensivos y los que necesitan abrir estos corredores para el narcotráfico.

Son millones los árboles que mafias depredadoras talan cada año, mientras las autoridades solo cuentan estadísticas.

Por eso, el presidente Gustavo Petro en París, durante la realización de la Cumbre por un Nuevo Pacto Financiero Mundial propuso «cambiar deuda por acción climática». Pero las actitudes políticas tradicionales que nos mantienen aferrados al daño que nos proporcionan, no permiten ver la importancia de la propuesta.

El jefe del Estado colombiano propuso cambiar la deuda externa por inversión a favor del medio ambiente y acciones para mitigar la crisis climática. Dijo el mandatario que este dinero iría a un fondo del clima, así los gobiernos contarían con recursos para preservar el planeta.

«La crisis climática implica un gran plan Marshall global de inversiones» para obtener fondos que «el capital privado no daría, sino en una escala limitada», aseguró Petro durante la cumbre.

Para el presidente Petro, “el nivel de inversiones que hay que hacer para superar la crisis climática, a escala global, tiene que ver con cambiar la matriz energética en el mundo, sustituyendo combustibles fósiles, no complementando combustibles fósiles que hasta ahora es lo que los números dan; sin eso no hay solución”.

Para obtener «mayores ingresos» con los que «superar la crisis climática», el mandatario colombiano propuso la adopción de un gravamen «a las transacciones financieras mundiales» y una «reducción», que no «condonación», de la deuda pública.

Estas iniciativas «podrían ser los factores de gran poder que pudieran impulsar la palanca para ahora sí activar una disminución real de gases de efecto invernadero en la atmósfera», subrayó el presidente colombiano.

Agua potable

Otro de los más peligrosos efectos del cambio climático que estamos excitando es la evidente escasez de agua potable en muchos municipios colombianos, principalmente en el norte del Cauca y en departamentos como Bolívar, Córdoba, Cesar, Atlántico y Magdalena, donde los arroyos y represas se agotan por la intensidad de la sequía.

No hay cómo calmar la sed, y fuera de eso, los ciudadanos que todavía no buscan ser atendidos en urgencias porque presenten síntomas de deshidratación, o de enfermedades como el cólera, diarreas, la disentería, la hepatitis A, la fiebre tifoidea o la poliomielitis, provocadas por el agua contaminada, se refugian bajo la sombra o se refrescan con aire acondicionado o ventiladores, lo que ha incrementado el costo del recibo de energía.

En conclusión, la tarea es nuestra, de cada uno, no es del vecino, ni siquiera de las autoridades, que han permitido por acción u omisión que estemos registrando estas noticias y opiniones. Tenemos que salvar el río, reforestar, no permitir más contaminación diaria, tenemos que pensar qué mundo es el que queremos para nuestros hijos y nietos… ah, y mucho cuidado con el voto que muy pronto vamos a depositar, porque los elegidos tendrán que llevar nuestro mandato: salvar nuestro territorio del cambio climático que sigue matando gente.

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