Los recién llegados al poder


Los recién llegados al poder

Mucho se ha escrito y debatido sobre el peligro que corre cualquier democracia cuando está sometida al fenómeno de la monopolización de los medios de comunicación por parte de excluyentes y poderosos conglomerados económicos, como ocurre en nuestro país.
Pero no pasa de ser un tema académico, teórico, que se concibe para sentar cátedra, porque a pesar de la vulgar manipulación de la opinión pública, la libertad de empresa, de prensa y de expresión lo permiten. El problema es la capacidad mental, de análisis, de asimilación, de comprensión, que debieran tener los receptores, que generalmente no ejercen.
En un pueblo como el nuestro, donde la galería es mayoritariamente indocumentada y voluble, el poder económico no tiene resistencia y por eso mismo, fácilmente la pueden re-encauzar de manera cotidiana hacia los corrales donde siempre ha estado, antes de los recién llegados al poder.
La estrategia es la agenda informativa diseñada por los reconocidos periodistas que trabajan subordinados a los intereses económicos de los conglomerados dueños de los medios de comunicación.
Me dirán que eso ha existido siempre. Claro, pero ha sido un pulso interno entre los mayordomos que se han turnado el gobierno, que siempre han tenido que favorecerlos primero a ellos, a los dueños del poder.
Pero ahora, lo novedoso es que la situación sociopolítica y económica que están planteando los recién llegados al poder no había tenido antecedentes históricos en Colombia desde su fundación como república. Apenas se está adaptando el primer gobierno de izquierda en este país, la primera vicepresidenta afrodescendiente y líder social, ambientalista y feminista; la primera «democracia multicolor».
Esto es algo insólito comparado con las costumbres de gobierno fosilizadas en manos de castas excluyentes. Por eso, sienten incertidumbre y desconfianza: el statu quo del poder en los últimos 215 años hizo creer que sólo las élites liberales y conservadores de tradicionales apellidos y de consolidados ancestros económicos estaban predestinadas para gobernar a la manada.
Como no han podido concebir la inclusión social, la democratización real, las reformas estructurales, amigables con el medioambiente y con las comunidades originarias, gran parte de la clase política colombiana y de los medios de comunicación siguen siendo hostiles al presidente Petro y a su equipo de gobierno, del que dicen, equivocados, claro, que quiere sabotear al sector privado todopoderoso.
Sobre este asunto, he venido notando y analizando esa coordinación de la agenda informativa del monopolio prensa-radio-televisión, para moldear la opinión pública con contenidos más o menos «objetivos», que sirven para desprestigiar y hacer burla de la gestión gubernamental, sutilmente, por ahora.
Los periodistas utilizados por los dueños de medios definen cuáles son los temas más importantes del día y los convierten en propaganda obsesiva y adoctrinante, diseñada para las masas o mayorías, dóciles, receptivas, manipulables, irracionales, que la consumen como si fuera la información “políticamente correcta”.
En estas condiciones, en Colombia quedan como alternativa los medios de comunicación alternativos, regionales, incluso locales, que hacen esfuerzos especiales por equilibrar esa información intentando formar una opinión pública plural, socialmente responsable y moralmente autónoma, capaz entre otras cosas de intervenir críticamente frente a la posición dominante del poder socioeconómico y político tradicional.
Es más, son estos medios los que saben hacer uso de la “tecnología de la libertad”, Internet, donde se puede hacer comunicación más horizontal, participativa, crítica, multidireccional.
Y es precisamente en este campo, el de la comunicación, donde han venido fallando los recién llegados al poder. Y quienes perdieron las elecciones del año pasado, que no han sido derrotados, seguirán trabajando a través de sus propios medios en la campaña de desprestigio y de pánico, si se hace necesario.
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