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Jueves, 8 de octubre de 2026

La confianza política

Luis Barrera - Editor
Luis Barrera - Editor
Por: Luís Barrera

Casi imposible sustraerse de la política o al menos opinar sobre los políticos, ya que se avecina una nueva contienda electoral en donde los caucanos y colombianos debemos asistir a las urnas para elegir el Congreso de la República en Marzo del 2014.

Un mensaje directo para las gentes del Norte del Cauca especialmente, es la importancia que tenemos en conservar al menos nuestra curul en la Cámara de Representantes, en cabeza de Carlos Julio Bonilla Soto, quien ha venido demostrando trabajar con decoro, responsabilidad y compromiso con la región junto a los temas e intereses generales del departamento.

La tendencia de la opinión política es que el Partido Liberal se siga fortaleciendo y organizando para librar una batalla democrática en el Cauca y el país, refrendando las ideas y programas con los que se viene gobernando con un presidente de clara estirpe liberal y gran sentido social.

Es urgente seguir trabajando para ganar la confianza política del electorado demostrando una vocación de servicio inspirada en mejorar las circunstancias que nos rodean. Porque hoy en día pese al desgano de la gentes por las cosas electorales, hacer bien el oficio político representa el valor agregado del servicio público; marca la diferencia entre aquél actor consciente y preocupado de las consecuencias de sus acciones y aquél que simplemente actúa por su mero afán de hacerse elegir y no volverse aparecer ante su electorado.

Aunque es proporcionalmente desprestigiado, no sólo en el Cauca y Colombia, sino en el mundo, este oficio de hacer la política y volver a convencer a la gente para que voten en las elecciones otorga, de manera constante, una ventana de oportunidad para elevar los niveles de confianza en política, alentar la participación ciudadana, promover la calidad en el debate público, y por tanto, eficientar la aplicación, coordinación y vigilancia de las políticas públicas de un gobierno como efectivamente se viene haciendo desde la Cámara de Representantes con un vocero como Bonilla Soto.

Desde siempre, los ciudadanos sabemos que el político es creíble por el ejemplo. Hoy, uno podría pensar que gracias a determinados fenómenos típicos de la clase política, esta ha generado sus propios gérmenes de la desconfianza. Por ello, pienso que deberíamos los nortecaucanos, nuevamente por su gestión legislativa darle otra merecida oportunidad y voto de confianza a dirigentes como Carlos Julio Bonilla Soto, quien entre cosas, lo han pedido connotados dirigentes y líderes populares de los distintos rincones del departamento.

La confianza política que ha generado este representante a la Cámara por el Cauca en el ejercicio de su encargo popular está basada en el liderazgo ejercido al cual no ha sido inferior, sino créanme sería el primero en recriminarle cualquier actuación que fuera contraria a los sueños, aspiraciones y deseos de los nortecaucanos.

Obviamente, son muy legítimas las demás aspiraciones de nuestros coterráneos de cara a unos complejos comicios en donde lo mejor que se recomienda es no improvisar y saber a ciencia cierta hasta donde llega la nariz de cada candidato.

El sistema político que nos hemos venido acostumbrando los caucanos por tanto, es un fiel espejo y recrea las condiciones naturales que se producen en su lago de narciso. Allí, los patrones culturales determinan que valores son los que se encuentran en la cúspide de dicho contrato. Y los políticos, como tales, no escapan al descrédito en que está envuelta la palabra en todo el departamento.

Los ciudadanos del norte nos encontramos ante grandes retos sociales y políticos. Las comunidades, los sectores sociales y étnicos se siguen organizando, los partidos políticos y en especial el Liberal, deben seguir defendiendo su representatividad, no podemos quedarnos sin esa vocería en el máximo escenario de la democracia como es el Congreso de la República.

Los alcaldes, las administraciones municipales, las comunidades en general, no son escuchadas en las altas esferas del centralista gobierno nacional, si no tienen quien hable por ellos, quien les haga el acompañamiento a sus proyectos y necesidades, por eso muchos municipios sin “padrinos” andan al garete, sumidos en crisis, aún en situaciones descontroladas, e incluso ante una falta de gobernabilidad a la vuelta de la esquina.

En algunas poblaciones persiste cierta apatía por la política y obviamente por ciertos políticos. Esta desconfianza es consecuencia de la sensación de que nuestros electos no representan nuestros intereses, y la sociedad caucana no lo neguemos, sufre una crisis de representación política, lo que está agudizado en el día a día por la precaria organización del llamado tejido asociativo.

Esta falta de confianza provoca la aparición cada vez más frecuente de grupos que defienden causas muy concretas, pero sin una idea clara de la necesidad de unir fuerzas para una lucha en conjunto por la región. No es que no protestemos, es que lo hacemos cada uno por nuestra cuenta, por personalismos y egoísmos.

Un segundo elemento es la falta de credibilidad de algunas de las actuales ofertas políticas, es por falta de una orientación clara de las diferentes propuestas y proyectos políticos, y la manipulación de la información a la que estamos sometidos los ciudadanos. Todo esto produce que sean muy débiles las referencias de las que disponen los electores para tomar sus decisiones y movilizarse.

En política la única forma posible de que perduren valores tales como la confianza, la prudencia y coherencia, es a través de un estrecho contacto con los electores y es por eso quizá que ha gustado mucho en la opinión pública caucana los informes y rendición de cuentas sobre su labor legislativa y sus gestiones como congresista por Carlos Julio Bonilla Soto.