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martes 26 marzo, 2013 a las 2:09 pm

Mito, vida, poder y religión

Mito, vida, poder y religión

Jorge Muñoz Fernandez

Jorge Muñoz Fernández

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Sea cual fuere la concepción que tengamos del mundo, el mito siempre ha existido en la mente de los seres humanos.

La arqueología, la antropología y sus ciencias auxiliares nos han acercado a las formas de vida de las comunidades neandertales, tiempos en que nuestros más cercanos semejantes, con rasgos físicos todavía rudos, pero con capacidad para construir subjetividades en torno a la naturaleza y la mortalidad.

Suponemos que nuestros antepasados asumían pensamientos reflexivos mediante comparaciones con las distintas especies vegetales y animales con las que compartían el entorno de la naturaleza.

Las tumbas halladas sugieren enormes interrogantes, entre ellas la existencia de un mundo, “en el más allá”, similar al suyo, libre del dolor, la tragedia y las privaciones materiales.

Mito, vida, poder y religión

Treinta mil años después los seres humanos todavía preservan la creencia en escenarios cósmicos donde existe la inmortalidad, mundo paralelo al mundo finito de la humanidad, que con el discurrir de los tiempos y el desarrollo histórico ha tenido múltiples significados y valoraciones filosóficas, entre ellas la enorme expresión lapidaria de Nietzsche: “Dios ha muerto”, o «…Dios es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón” de Karl Marx, que no han modificado sustancialmente la espiritualidad religiosa ni los imaginarios sobre lo desconocido.

Y si para una persona de la postmodernidad, la muerte y la extinción le generan enormes incógnitas, cuando no ha superado el problema de la alienación económica, social y política, puede uno imaginarse las primigenias ficciones y relatos, con rango de historias, para explicar la vida desde una perspectiva diferente a la del mundo animal.

Aflora la imaginación, la fantasía, la configuración de sueños realizables, la construcción mental de simulacros vivientes más allá de la vida cotidiana y el espejismo de entornos emancipados del trabajo, la muerte y el dolor.

Como en un juego de contrapartidas dobles el otro espacio, “el otro lado”, que para los irredentos del planeta todavía es fascinante y mágico, es más atractivo, más seductor, más duradero, pero, sobre todo, soberbio y espléndido.

Mientras tanto la vida transcurría en una relación inseparable entre dioses, espíritus, seres humanos y naturaleza.

Afloración de mitos. Mares que se abren para que pasen los elegidos, muertos que se levantan clandestinamente y trascienden los espacios siderales. Caza y pesca sacramentales, amparadas por lo divino, donde comienzan las leyendas de la “madre tierra” y aparecen las diosas de la fertilidad.

Poco hemos cambiado, continuamos con la espiritualidad del paleolítico, y el poder, con su discurso relacional, es ejercido sin escrúpulos éticos en la mayoría de países del orbe por gobernantes que recurren a los mitos, incluidos los mitos políticos, a las creencias religiosas, a las utopías, a los sueños de vidas inconclusas, sometidas a las explotación y el sufrimiento terrenal, para cohesionar las sociedades y perpetuar su dominio hegemónico sobre los “condenados de la tierra”.

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