Pastores de ayer y hoy

Pastores de ayer y hoy

Después de los animales, los guardianes de los animales fueron los primeros en adorar al niño y deleitarse con su poder y gracia. Desde tiempos sin nombre los pastores viven casi siempre solitarios y distantes los unos de los otros. Estos seres nada saben del mundo, de las fiestas y poco les interesa la magia que se gesta en la tierra. Por lo tanto, cualquier evento que sucede cerca de ellos, por insignificante que sea no los conmueve.
A modo de comparación, los modernos pastores son todo lo contrario, solo los mueve el vil servilismo, el dinero o la posición, por ello señalan el mundo sopena de gracia y pecado. Estos nuevos pastores son particulares, preocupados vigilan el dinero de sus rebaños en largas noches de abstinencia, y jamás son sacudidos por la luz de la verdad, ni por las palabras del texto sagrado a no ser que aumente su redil o su utilidad en el banco. Ellos, apenas descubren sus vicios, en la penumbra no callan ni hacen oración, solo contemplaban la manera de aprovechar las oportunidades y empiezan a ver a los menores, a los débiles con otros ojos.
Duele escuchar y saber que aquellas carnes sonrosadas y delicadas, aquellas bocas que no han maldecido el mundo conmueven su proceder mezquino y pedófilo caen en su pastoreo bajo la excusa de la cruz o el libro.
Debemos recordar que la vocación de un pastor debe estar encaminada al servicio desmedido por el prójimo, y no a la forma mercantilista impuesta por el s. XXI. Y, por lo tanto, ignora que un alma humana viene a sufrir con las otras almas y que él está allí para sanar, para guiar, para proteger, para ser el pastor antiguo que daba la vida por su rebaño.
Hoy, ellos jamás están dispuestos a develar el milagro del perdón y la caridad porque se creen investidos por el espíritu y conocedores del número exacto de los benditos. Sin embargo, no están en las montañas, ciudades y pueblos donde agoniza la fe, o donde mueren los últimos vestigios de la hospitalidad y de la fraternidad, ni siquiera están en sus templos e iglesias.
¿Dónde y con quién están los pastores hoy?
Quizás en el Senado orando por culpa de 4 ratoncitos o en la mansión colgado el ultimo Monet o en algún lugar del mundo jugando a ser mortales o en una lujosa clínica llenando su cuerpo silicona. Vaya ironía.
Pero es algo natural, pues es bien sabido por todos que son sabios e intrépidos y que nunca caminan con las manos vacías, pues el orden del día y de la noche ha ordenado que quien habla por Jesús siempre es quien lleva los mejores zapatos, la mejor camisa, el más caro pantalón; debe ser quien tome la mejor taza de leche, quien lleve el mejor trozo de queso, quien se coma en la visita la gallina del pobre que daba el huevo diario para sobrevivir cada día sin penas y quejas.
Pero volvamos a los pastores que vieron la llegada del Dios Vivo, ellos han desaparecido de los campos y de las ciudades por el temor de la opresión y discriminación. Ellos han dejado solo el pesebre y han iniciado una larga y cruel marcha para exigir que el Capitalismo y sus esbirros escuchen sus peticiones para mejorar la calidad de vida y su llanto lo han dejado oír en las cortes internacionales en busca de garantías para vivir como Jesús invita. Es imperioso recordar que los antiguos pastores eran pobres y no despreciaban a los pobres; eran ingenuos como niños y gozaban contemplando niños, no abusando de ellos y matando su inocencia. Eran la voz que clamaba en los desiertos, la luz en las oscuras noches de la fe, el líder de un pueblo que devolvía la esperanza que habían robado los tiranos.
Debo advertir como los textos antiguos que llegará un día en el que surgirán fieros defensores y lobos vestidos de ovejas atosigarán el redil; a ellos invito a que conozcan la verdad. Recuerden que pastores fueron los primeros reyes, entre ellos Saúl y David. Por eso, intenten ser Pastores de rebaños antes que pastores de mitra y bastón, de datafonos y gritos sin par. Intenten ser Pastores de rebaños antes que lobos sedientos de sangre, sudor y sexo. Intenten ser Pastores de rebaños antes de mercaderes de la fe y la gracia. Intenten ser Pastores de rebaños antes que politiqueros al servicio de un Duque, una Paloma o un Hitler antioqueño.
Y para concluir, señores pastores o ministros, curas, obispos o cardenales o como se dignen llamar o como se quieran llamar, por favor no dejen sepultado en el olvido al Niño Dios que pronto nacerá en Belén.
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