PLENILUNIO CELEBRA


PLENILUNIO CELEBRA

Todo el año se puede estar celebrando y es justo. Que una obra netamente cultural perviva es todo un prodigio donde ello ocurra. Eso sucede, cabalmente, con el 15 aniversario de la presencia de la Fundación Plenilunio como entidad cultural, dedicada a la Poesía, en Cali. Anoche siguieron las celebraciones. Y habrá más. Y valdrán su euforia, duración y la asistencia completa.
¿El motivo, la sinrazón? Probar una paella de manos plenilunadas. Aprendida a hacer de convivir con colegas españoles ya hace bastantes años. Sería un pretexto para juntarnos todos y seguir evaluando los poemas que se publicarán con la firma de todos los integrantes del Consejo Editorial del Grupo.
Milton Fabián Solano, María Elena León, Héctor Eduardo Luna, Luis Patiño, Carlos Gerardo Orjuela, Andrés Arango, Natalia Cruz, la plantilla de este Grupo, estuvimos radiantes de euforia y entusiasmo durante largas 12 horas. Se había prometido compartir una paella hecha con la propia mano. Y así fue, en la casa del suscrito. Ahí se ven los platos y la risa de caras. El fundador Milton Fabián parece brindar con unos camarones ante una mesa adornada con vasos amarillos.
La Poesía trae esas alegrías a sus cultores. Así lo celebraban en sus banquetes griegos y romanos, en Atenas en tiempos de Eurípides, en las fiestas escoforias, antesterias y dionisias o báquicas. Los griegos tenían abundantes repertorios de vinos y cepas y muchas ciudades daban su nombre a la «marca» de la producción del vino. No era solamente en Olimpia con motivo de los certámenes de los juegos nacionales, sino en las celebraciones familiares.
Tener a unos amigos al lado que compartan el don de la Poesía con el condimento del vino y un buen plato a continuación, es el privilegio de tratar con dioses protectores. Lo libran a uno de estar por ahí en lugares peligrosos o toparse con gentes que agredan o no gusten de la letra y las figuras que se esconden tras los versos y metáforas. No lo registran cámaras con escenas insinuantes sino que se transparentan en una mesa con el plato en alto y la sonrisa franca.
No quedaron sobras de las viandas después del brindis con camarones de 15 años sobre una mesa que miraba adornada a sus comensales. El agape duró desde las 10 de la mañana hasta casi la media noche en el barrio Centenario. Ninguno se quiso perder esta ocasión para saborear a qué sabe la amistad de la que tanto habló Cicerón de tirios, troyanos y caleños. Al final llegó a visitarnos la poeta Anabel Torres.
Fue un día memorable en los Anales de la historia de Plenilunio ya cerca de la fecha de su cumpleaños en su edad más joven. Tener ya 15 años de existencia no se mide por la inexperiencia o la inocencia. Se ve de lleno su capacidad de crear, de ensoñar, de exhibir la belleza, de expresar un lenguaje sonoro y alegre, al tono y tersura con que Erato y Calíope enseñan a sus cultores.
01-04-18 3:47 p.m.



