ELLA IBA / A ENRIQUE JORDÁN DORIA

ELLA IBA


Salió del retorno de la nada.
A ella vuelve continuamente.
Ella iba allá donde nada es cierto, ni aun el árbol con su olor abierto.
Ella iba, ella vuelve cada que él la encuentra.
El gesto, la danza, la marcha lenta, mujer como música sidérea.
Recoge el rasguño de los muros viejos, de los muros detenidos en el tiempo de sileria.
Bloques de espesa levedad, atascada en la mentira de las cosas.
Atraviesa la barrera, la muralla que nos borra la memoria.
Y el árbol pierde su figura, tratando de ser como algo cierto.
Pero nada es cierto ni mentira desde el otro lugar, desde el útero anterior al tiempo, donde ni tú ni nadie existe.
Allí tan sólo un todo nada, un lugar adonde ella vuelve de sileria, adonde entra y siempre sale.
Ella iba.
Ella iba, él iba, él la pierde. Iba tras su rastro de mercurio, pero ella no era nada, y él tampoco Nada.
RVQ
A ENRIQUE JORDÁN DORIA
Rodrigo Valencia Q
El amigo Enrique Jordán Doria se fue.
Abogado, profesor de la Universidad del Cauca por varios años, cultor de poemas, utopías y esperanzas místicas, ahora está en lejanas cumbres, esas que la memoria teje como red de imaginarios para recordar y adornar la vida.
Y en algún punto de la distancia lucirá su vestido de «caballero hermético», como lo llamó alguien; y allí nos reunirá la amistad que la muerte no destruye; porque los buenos compañeros de camino van a nuestro lado, ligando los tonos de la canción interminable, esa que en alguno de sus poemas, Enrique describe:
«¿Qué alma no anhela conocer su itinerario
y comprender la realidad viviente desterrando
definitivamente el fantasma de la muerte?»
Tensaremos el enigma, amigo; seguiremos unidos por el Hilo de Ariadna, atando el Arriba con el Abajo, y una clave de sol iluminante revelará el Gran Alma de las cosas que tanto buscaste en la tierra.
Adiós, Enrique. Hasta la próxima eternidad brillando en una de las ventanas de Dios.
No nos dejarás del todo; estará tu recuerdo, labrando el cristal visionario y mágico que nunca muere.
Hoy encendemos un cirio blanco en tu memoria
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