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jueves 23 noviembre, 2017 a las 3:18 pm

«VOLVERÁS A MI HUERTO Y A MI HIGUERA»

Miguel Hernández
VOLVERÁS A MI HUERTO Y A MI HIGUERA
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

«VOLVERÁS A MI HUERTO Y A MI HIGUERA»

VOLVERÁS A MI HUERTO Y A MI HIGUERA
Imagen de: http://bit.ly/2hM4AkJ

…
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores…
…
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
Fragm. Elegía a Ramón Sijé. El rayo que no cesa. Miguel Hernández

He cantado a Miguel Hernández y mi voz no se ha oído. Ha cantado Miguel Hernández y su voz aún hoy se oye desde el día que el gobierno franquista ordenó asesinarlo. He querido también volver a su Huerto, allá en Orihuela, a ver su higuera, con higos negros y granos rojos por dentro. Cómo saben a sangre y muerto dulce.

Canté con mi voz destemplada en una Cava de noche y con vino. A mi lado tenía a Paco, Gerardo, Amparo y a Miguel que estaba en el aire escuchando. Resonaba la noche con luna y la ciudad estaba en silencio. A nuestro lado una enredadera lloraba cuando oyó la Elegía del cuidador de cabras y su canto.

Hace ya casi un siglo murió y sus versos tienen sabor a fruta fresca, a vino añejo, a miel de huerto y los pájaros se oyen allá detrás de las paredes. La poesía de Hernández era joven como él, envuelta en ramas de olivares y con sabor a Madrid en donde triunfó, a Europa por donde viajó y dejó su huella.

¿Por qué a Miguel Hernández no lo proclamó mártir la iglesia de su época, en vez de perseguirlo? Lo fue de la misma iglesia y del régimen. Por cantar, por ser un juglar, por mirar con ojos de inocencia al mundo. Hasta prestó su nuca, su espalda para los azotes e, ingenuo, casi, se devolvió a la cárcel donde lo esperaban los sayones.

Lo adoraron los carneros y le lamían las manos y la cara, lo arrulló en su seno la Poesía y poetas y amigos lo llevaron a volandas a salones y recitales. Su mayor reliquia era una Corona, su máquina en la que escribía en Orihuela, allá subido en la montaña de la Cruz de la Muela. No ostentó diplomas ni grados académicos pero tuvo como contertulios a Neruda, a García Lorca, a Aleixandre, a Antonio Machado, a Juan Ramón Jiménez y a todo el séquito de la Generación del 27.  

Aprendió el abc de la poesía pastoreando, cosechando higos y leyendo en las bibliotecas, escribió «Higos, sazón y hojas«: En verdes paracaídas/ cuelgan, como negras horas,/ sus coincidencias medoras/ delectaciones suicidas./ Por su sazón requeridas,/ las armas de los deseos/ a amparar los titubeos/ ascienden mas tan ronceras/ que ya las ropas primeras/ suicidios llueven guineos./

Si la Poesía fuera una religión tuviera que declarar mártir a Miguel Hernández. Por cantarle a la contrarrevolución fue encarcelado, alejado de su esposa e hijos recién nacidos y martirizado. Dejó un legado de 6 libros de poesía de diferente corte, a medida que iba practicando la estructura de poemas y su tono.

22-11-17                                              6:15 p.m.

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