SOMBRA



Eres tú, sombra, la que apareces con astros oscuros.
No sé quién eres, el sabor del cielo no lo dice; no lo cuenta tampoco el frío del desierto, convocas una nube donde antes era el lugar del Paraíso.
Donde aligeraba una lluvia de perdices, allí ahora no está el pozo de Betania.
Nos llevas de la mano, delante hay un escombro.
Huesos son los restos de los árboles; hubo un tesoro que cantaba, una higuera con su novia recostada.
¿Acaso eres ella, después de vestir las zapatillas de la muerte, después de mirar las esquinas del castillo en ruinas?
¿Hay alguien que duerme contigo cuando Dios es un desierto y su túnica es devorada por los buitres?
¿Puedes acaso pintar de blanco la puerta que nos separa de los mundos?
Sombra, perseguiré tu viento en la arena que sube hasta los agujeros negros.



