Hablando nos entendemos…


Mateo Malahora / Hablé con una uva y me dijo que quería ser vino, hablé con una espiga y me dijo que quería ser pan, hablé con el viento y me dijo que quería ser ave, hable con el mar y me dijo que quería ser barco, hable con la luna y me dijo que quería ser perro, hablé con la guerra y me dijo que quería ser paz, hablé con el corazón y me dijo su único enemigo era el infarto.
Hablé con el amor y me dijo que quería ser beso, hablé con los zapatos y me dijo que el camino era largo, volvía a leer El Talmud y encontré que muchos jueces merecen ser juzgados, hablé con una tabla y me dijo que se había salvado, hablé con un niño pobre y me dijo que quería un regalo, hablé con un confesionario y me dijo que sentía vergüenza.
Hablé con un reloj y me dijo que no tenía tiempo, hablé con mis bolsillos y me dijo que estaban rotos, hablé con Dios y me regaló La Biblia, hablé con Alá y me regaló El Corán, hablé con Marx y me regaló El Capital, hablé con El Libro y me dijo que odiaba a los pirómanos, hablé con Martin Luther King y me dijo: “ Yo tengo un sueño”, hablé con el Almanaque Bristol y me dijo que habría “lluvias en Santander, Popayán, Almaguer y Pasto”.

Le hablé a Augusto Monterroso y me regaló un dinosaurio, hablé con Hemingway y me dijo que vendía “unos zapatos para bebe sin usar”, hablé a Don quijote y me dijo: “una golondrina no hace verano”, hablé Giovanni Sartori y me dijo: “es cierto que la televisión y la radio, destruyen más saberes y más entendimientos de los que transmiten”, hablé con Fidel Castro Ruz y me dijo: “Quien no sea capaz de luchar por otros, no será nunca suficiente capaz de luchar por sí mismo”.
Hablé con la democracia participativa colombiana y me dijo que su modelo era uno de los más averiados por su inoperancia para intermediar las demandas políticas y por el desinterés de las élites dominantes para agenciar lo público, hablé con Álvaro Salom Becerra y me regaló una frase de Baltazar Riveros, diciéndome que me cuidara de los derechos de autor: “Aquí yace un pendejo que duró ochenta años, sobre la tierra, creyendo en la llegada del pueblo al poder y que ahora, debajo de ella, continúa esperando”.
Hablé con William Ospina en el Sotareño de Popayán y me dijo: “aún no tenemos el país que merecemos” y que “tarde o temprano lo que era guerra aprenderá a ser diálogo, lo que era violencia aprenderá a ser exigencia y reclamo, lo que era silencio podrá convertirse en relato”, hablé, inusualmente, con Albert Einstein y me dijo que el último ser humano que quede vivo sobre la tierra se sentará a llorar sobre una bomba atómica.
Finalmente, recuerdo cuando hablé hace algunos años con mi mamá y me dijo: “El amor de una madre nunca quiebra como los bancos y puedes a cualquier hora recoger los bonos de la felicidad”.
Posdata:
Le hablé a Noviembre y me autorizó darles a mis familiares y amistades, en el país y en el extranjero, desde ahora, una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo.



