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Viernes, 2 de octubre de 2026
lunes 15 mayo, 2017 a las 6:46 pm

DE TALLER QUE ABRE LOS OJOS

leopoldo
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Plenilunio bajo la batuta del Taller

Anoche estaban convocados en la Biblioteca del Centenario los noveles candidatos para estrenar Poesía. La Fundación Plenilunio de Cali invita todos los segundos miércoles de cada mes a quienes deseen participar en el próximo recital a presentar sus borradores al Comité Editorial para mirarlos con lupa. Anoche solo acudieron dos.

La calidad tiene sabores, sonidos, tiene receta escrita y el poeta lo debe saber siempre. Si algo falla en la composición de un poema, si hace falta buril y fuego, si hace falta poda y mirarlo de lejos para ver cómo es su paso y oír cómo se mueve en el aire… Todo buen poeta lo hace y más los noveles que apenas están entrando al recinto donde vive Erato.

Si los consagrados tratan la Palabra con tiento, con respeto y responsabilidad, los nuevos con mayor razón. No se puede empezar a escribir sin una idea clara, sin un bagaje previsto, sin luz y sin linterna para alumbrar el camino.

El camino de la poesía no es dulce trocha ni se encontrará la joya cuando el novicio estira el brazo para escribir un verso. Podrá hacer aparecer unas líneas gruesas sobre el papel o la cuartilla pero cuando termine de rayar no estará al otro lado la Diva que habita en el reino de la Palabra.

Fue la primera consideración en la reunión de anoche. No hay emoción, ni alguien se siente aludido, no se espera sino que suene el teléfono y alguien diga al otro lado: «¿Quieres leer en la próxima presentación? – Te invitamos.»

La estrategia de programar talleres no solo es para los que ya han transitado el difícil camino de la Poesía. Principalmente es para ayudar a los novatos a abrir los surcos en los que se siembra y florece el verso lozano y vivaz. Y en Cali casi todos somos novatos. Hay apenas unos y unas cuantas Poetas que han abierto escuela y caminan solos/as.

Hemos olvidado que hacer poesía en un trabajo de todos los días. Es la profesión más escondida, solitaria y fecunda en trabajo y meditación. No es como dice el dicho vulgar: soplar y hacer botellas, tomar el lápiz, sentarse y empezar a producir poesía por cuartillas hasta completar un libro. Se llega al taller a mostrar un trabajo hecho en la soledad para borronear y reescribir, leer en voz alta y tocar como al vidrio de Bohemia y oír si suena su fino retintín.

Al recinto de la Poesía se entra con recato, sin orgullos fatuos, con paso quedo y la imaginación despierta. Con la esperanza de encontrar muy hondo la palabra justa, la conjunción de un astro, la sorpresa de un clarín o la pedrada en el ojo. Se trata de inventar un mundo nuevo, una metáfora feliz que deje la boca abierta al que la encuentra y más al que la oye.

El uso del buril, del cincel, del borrador y el sonido de la hoja que se rasga son cosas a las que el poeta se acostumbra. La Poesía no se improvisa ni sale directa del panal o del cielo abierto.

11-05-17                                      8:54 a.m.

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