EL SALARIO CASI MÍNIMO EN LA REGIÓN



¡Vaya, vaya, vaya! El trabajador colombiano es tan pacífico y agachado como cualquier ciudadano el día de votar en las elecciones. Recibe el alza miserable del salario mínimo cada año con la resignación cristiana más grande, como si estuviera recibiendo una bendición, como dicen agora. No miran a lado ni para arriba. No se fijan cuáles son los sueldos y más prebendas de los Congresistas, Ministros y demás altos funcionarios de las Cortes y Agencias del gobierno en donde posan sus plantas los consentidos del Ejecutivo.
No me acuerdo que haya habido una sola marcha en esas ocasiones para protestar y presionar para que eleven un porcentaje respetuoso y digno y justo.
Hoy publica El Espectador la nota de que estamos casi en el asfalto, en el cuarto más bajo puesto del ranking de los países de América en salarios inicuos. Inicua significa indigna, miserable, baja, asquerosa, despreciable, discriminatoria, desigual. Todo eso al mismo tiempo. Durante el período entre 2006 y 2016 el aumento promedio del salario real fue del 1.01%. No lo sintieron los sindicalistas gordos.
Y el trabajador baja su ceño arrugado y preocupado y la mujer gana menos que el hombre. ¿De qué vale si no alza la voz y el orgullo, muestra los dientes y saca la lengua en señal de asco? Se elevan los impuestos, el Iva, las matrículas, los libros, la ropa, las universidades, los pasajes y nadie dice nada.
Mientras tanto el Ministro de Hacienda, el Compes, Planeación Nacional y el Dane dicen que la economía va bien y que la inflación va a la baja. Y el colombiano mira a Venezuela y respira en su nuca. Le parece que nos falta poco para llegar al borde de su situación. Hay razones que lo verifican. El Ministro de Hacienda dice que volver al pago justo que se quitó al trabajador por horas extras disminuiría el empleo. Cuando se quitó dijo que se subiría el empleo y nada sucedió.
Nos comparamos con Brasil, sus favelas, sus protestas y el cáncer que nació con el Odebrecht. Estamos casi igual. Chocó, Reficar, las venas rotas de Galeano se ven en las Vías G y cunden en la venta de nuestros recursos a precio irrisorio. Si miramos el mapa de Colombia está lleno de licencias ambientales para acabar con árboles, flora, fauna en selvas, Nevados y Reservas Naturales como en Santurbán y la Sabana de Bogotá. Nos comparamos con la sufrida Nicaragua que no ha podido recuperarse del desangre de la revolución sandinista. Y con México cundido con el narcotráfico y la inestabilidad política.
Nos distraen las discusiones en el Congreso sobre la discriminación sexual y los permisos a los taxis Uber blancos y negros y del gobierno con el tal jubileo por la llegada del Papa. Todo se vuelve fiesta y cortinas de humo. Lo importante queda escamoteado tras discusiones de reinserción, posconficto y reuniones en Ecuador y La Habana.
11-05-17 3:25 p.m.



