Desprotección al ambiente
(Gracias, Leo, por el ¡ merecidísimo reconocimiento !, Alfonso)
Pensando en el trago amargo que nos ha tocado apurar a los colombianos ante el mundo en este momento de la historia, recordaba un refrán que mi madre decía muchas veces hablando de la fatalidad: «El que ha de morir a oscuras, aunque su madre haga velas». De este atolladero salimos porque salimos. Un argumento tonto diría que si no se ha desbaratado el país con esa inacabable y asesina corrupción de los políticos, con la guerrilla, con los paramilitares y con la maldición de la droga, es porque es indestructible.
La mala fama que tenemos, ahora magnificada por el pavor de los famosos ‘falsos positivos’ de las Fuerzas Armadas, de vez en cuando se borra con buenas noticias que producen el país y los colombianos en el mundo. Una de ellas ocurrió hace un tiempo, cuando nos declararon el octavo país en el mundo, entre 150, en gestión ambiental. Naturalmente el Gobierno, en persona del Ministro de la Vivienda (y también del Ambiente), salió a celebrar el evento y a adjudicarse los logros.
Cómo será de inexacta, por no decir falsa, esa noticia, que hasta los colombianos nos pronunciamos diciendo: gracias por tenernos en cuenta, gracias por elogiarnos, pero ese piropo no nos lo merecemos. Sino, más bien, todo lo contrario.
Reflexionando en la euforia del Gobierno en ese momento recordé a Nietzsche: «Infláis el buche sin siquiera tener buche».
Ese honroso octavo lugar se debe en un 25 por ciento a que miraron el porcentaje grande de bosques y selvas que Colombia (todavía) tiene. Eso no es gestión ambiental. Eso está ahí y cada día que pasa ya no va estando.
Se queda uno aterrando pensando cómo pudieron clasificarnos en ese puesto si aquí la gestión ambiental es pobre, inoperante y contradictoria. Veámoslo. Somos potencia mundial en agua y el 75 por ciento de los colombianos carecen de agua potable. Este solo argumento ya desbarata cualquier gestión ambiental.
La destrucción de la Amazonia, los páramos y los bosques de cordillera es galopante. La aniquilación de la selva del Chocó y de sus etnias por los cultivadores de palma animados por el Gobierno es simplemente demencial. La minería incontrolada y permitida por el Gobierno acaba páramos, selvas y reservas forestales. Cajamarca, Santurbán y Taraira son tres ejemplos dolorosos.
A los ríos Bogotá y Magdalena se les han botado, literalmente, miles de millones de pesos y siguen ahí, el uno como la gran cloaca de Bogotá y el otro cada vez más contaminado. Todo esto es gestión ambiental, que no la hay o es inoperante. Los cultivos ilícitos, con toda la carga que los acompaña de descomposición social, destrucción de la selva y de sus ríos, por la coca, los páramos por la amapola y las tierras medias por la marihuana, ya sabemos que no tienen solución. El mundo se ha declarado vencido en esta batalla. Los alcantarillados de prácticamente todos los municipios de Colombia vierten sus desechos a los ríos.
A todo lo anterior aportemos cuatro pruebas reina: la aniquilación de la biodiversidad, el uso del glisofato, la construcción de la carretera del Darién y la no existencia de un Ministerio del Medio Ambiente.
No entiendo cómo puede dormir en paz el presidente Uribe, que ha decretado la destrucción de la selva del Darién con esa carretera de lesa humanidad y con haber terminado olímpicamente, de un plumazo, el Ministerio del Medio Ambiente. Ahora es un anexo al de Vivienda. ¿Cómo podemos ser un ejemplo para el mundo en gestión ambiental? Además de mentirosos, nos creemos las mentiras de los otros.




