La poesía social de Jorge Muñoz
Miembro de la Asociación Caucana de Escritores
Especial para El Liberal.
Con beneplácito tomamos nota del Premio Nacional de Poesía de la Universidad Bolivariana de Venezuela concedido a nuestro amigo y paisano Jorge Muñoz, ex Defensor del Pueblo de Popayán.
Nunca terminaremos de interrogar las claves de la creación poética. En el caso de Jorge conocemos la estela de su tradición política que no nos informa demasiado sobre los tópicos de su poesía, en la medida que el ser político (práctico y aún pragmático por naturaleza), suele estar en riña con el ser poético, con tanta frecuencia soñador e idealista, incluso cuando se trata de un poeta social. Hay que recurrir entonces a otras coordenadas. Es posible que una de ellas sea el cosmopolitismo. Jorge ha vivido, además de su ciudad natal, en ciudades como Bogotá, Vancouver, Madrid y Caracas y visitado muchas otras. Y de todas ellas con seguridad ha recibido un benéfico influjo, urbano y multicultural, que se refleja sin duda en su escritura y particularmente en su poesía. Pero el fecundo influjo viene también de otros espejos líricos que el autor invoca y deja relucir, con renovados brillos, en sus poemas. Nos consta que Jorge es un lector asiduo.
Como muestra de ello y para disfrute del lector, hemos seleccionado estos tres poemas de los diez con que obtuvo el mencionado premio. Enhorabuena.
Las razones de Heráclito
Como soy no me esperes,
no somos río de ayer
a la una de la tarde.
Prepara la pasión y la ternura,
tiempo será del júbilo y del gozo
fluyendo como lluvia de caricias.
Como soy no me esperes
no es hora del afluente y de la espuma
invocando el auxilio de la orilla.
Que tu piel me consuma en llamaradas
que tu amor se transforme y precipite
en gozosa cascada de alegría.
Que se desborde tu pasión como la mía,
ahora que somos y no somos los mismos.
Como soy no me esperes
no somos río de ayer
a la una de la tarde.
Las palabras
Cuando escribo
invito a las palabras
que dejen sus demonios,
sus fantasmas, sus espejos,
roídos por cansancios enormes
y me acompañen a la fiesta del trigo,
la difusión del pan y el bullicio del vino.
Sin ellas los días parecen trenes viejos
alojados en la armería del tiempo,
en los baldíos de acero,
en el desierto de las
trepidaciones.
Su silencio es censura, fosilizado caracol
recluido en estuarios de ceniza,
proscrito del idioma de las olas
y la libre expresión del litoral.
Las palabras advierten,
despiertan las pasiones,
viajan en carabelas de luz
y en las tormentas
evitan el naufragio
del lenguaje.
Y justo,
cuando la noche se cubre de relámpagos
y las sombras inventan espejismos,
anuncian el retorno de la aurora
el veredicto de la madrugada.
Honor a Palestina
Aquí,
cerca de Hebrón
junto a la urbe de Gezar
de Lajjun, de Haifa, de Bissan,
diez mil años antes de Mahoma y de Jesús
al barro le dimos forma de la poesía.
Aquí,
cerca de Hebrón
junto a la urbe de Gezar
de Lajjun, de Haifa, de Bissan,
en la remota Edad de Bronce
orfebres fuimos de la paz.
En nuestras manos
el cuchillo no halló
la empuñadura de los asesinos.
Aquí,
cerca de Hebrón
junto a la urbe de Gezar,
de Lajjun, de Haifa, de Bissan,
testigo es el Jordán,
pactamos con el agua
el crecimiento libre de las aceitunas
la libertad del trigo, de la chufa y la uva.
Aquí,
en Gaza, donde los niños son quemados vivos
por ser niños, para que no construyan patria.
Aquí, donde la bestia saborea la sangre de la guerra
y clava sus pezuñas de odio en las mezquitas,
el lirio enciende la roja geografía de Palestina.
Aquí,
donde los muertos no admiten la conjura del olvido
y el llanto de las madres se transforma
en dolor universal:
Sabra, Chatila y Gaza
son una sola bandera
alzada en la mitad del corazón.



