Lo que no pudieron arrebatar los nazis


No hay que ser una enciclopedia para determinar que entre el saber y el creer hay amplias diferencias. La muerte es de conocimiento público. Todos moriremos, sin excepción alguna. Pero mientras no se establezca un cuándo es difícil detenerse a disertar en ello, porque entonces la vida, -que nos permite recordar para escribir y escribir para recordar-, termina convirtiéndose en un estorbo.
Destinos truncados es una novela que condensa la vida, la muerte, la evocación y la escritura. En este cautivante relato de 370 páginas Rolf Goldschmidt se adentra a su historia familiar para narrar con gallardía las pesadumbres, intermitencias, heridas, o, en suma, las grietas de uno de los tantos núcleos parentales que fueron exterminados por los nazis.
Con una prosa exenta de ínfulas poéticas, Rolf recolecta los sucesos que marcaron la familia Goldschmidt antes, entre y después de que los nazis de Hitler se tomaran Alemania, Holanda, Francia y otras partes de Europa.
De esta forma, recuerda que en la Primera Guerra Mundial muchos judíos entregaron la vida por Alemania. También narra, desde la tragedia familiar, cómo el susurro antisemita y temerario del pequeño Adolf fue transmutando a un grito revestido de dolor y sangre.
Pero, además, el autor da cuenta de un precedente bochornoso en la historia global: la insolidaridad de cientos de países que, por diversas razones, se negaban a ayudar a los judíos que pedían su auxilio, en el caso colombiano gracias a la valiente diplomacia del canciller López de Mesa.
La historia es contada por una tercera persona que desfallece y renace a medida que va tejiendo las palabras. A través de lo personal Rolf crea una identidad colectiva, que no puede evitar el llanto cuando se encuentra con la muerte como el único puente que permite avivar la esperanza de un futuro mejor.
“Para la familia fue un día de pena, dolor e irónicamente de liberación. Para el resto de los internos del campo fue un día como todos los otros y Selma pasó simplemente a ser unos de los más de cien judíos que ese día también perecieron. Tuvo la fortuna de no morir por inanición o tifo como muchos. Para Selma, su corazón simplemente se cansó y dejó de latir”.
Goldschmidt se aleja de rencores y apologías, y de este modo, entrelaza la suerte más y menos desafortunada de su acervo sanguíneo. Desde Cali, Pereira y Bogotá los personajes, que lograron salir del averno fascista, reúnen fuerzas y esperanzas en procura de devolver el salvavidas que sus familias les brindaron.
Pero a veces la vida es injusta, y no hay ímpetu que cambie el curso de las circunstancias. Y entonces se pone difusa la nube del cielo que separa a la ficción de la realidad. El saber y el creer se entrelazan: cuesta creer en una suerte tan desdichada, de la misma forma que cuesta saber que es verdad. El hilo del que pende la vida es tan delgado como el de la muerte, si esta es tan cercana no está de más depositar el saber en creencias inexactas, como un futuro después de, donde el encuentro se volverá a dar.
Todos nacemos para morir, es cierto, pero solo algunos pocos pueden hacer de ese soplo (la vida) una memoria, una memoria en el que se refugien lo que más temen los criminales: la palabra, y en ella sus creencias y sus saberes.
Este 27 de enero se conmemoraron las víctimas del holocausto. Destinos truncados no es un homenaje a una sola familia, es un relato que reúne las heridas de toda una población: la judía.




