Reflexiones


Primera. Si en Colombia en realidad existiera sociedad civil, una de las más claras demostraciones sería la expresión de un pueblo organizado y fuerte en contra de la elección y/o reelección de todos aquellos que tienen al país sumido en condiciones de pobreza e indigencia. El problema no se puede circunscribir a los políticos. Una alta dosis de responsabilidad le corresponde a aquellos que les respaldan electoralmente. En consuetudinario observar a quienes consciente o inconscientemente votan por los políticos de manera equivocada, manifestar su inconformismo mediante marchas y manifestaciones de protesta. Es como un círculo vicioso, repetición de la repetidera, como se dice coloquialmente. Como los pueblos no maduran están condenados a equivocarse. Primero votan por sus dirigentes y después se dedican a lamentarse. Se trata de una cultura política del voto arrepentido. Si en verdad existiera consciencia electoral, se elegiría a los mejores, a los más capaces, a los más comprometidos socialmente, a los más honestos, etc. Pero no, mucha gente no le atribuye un merecido valor al voto y por esa razón lo desperdicia. La mejor protesta es la que se hace cuando se castiga a los dirigentes en el momento de las urnas.
Segunda. Legítimas las protestas en varias ciudades del país en contra de medidas económicas del Gobierno, tales como el alza del salario mínimo, la venta de Isagén, anuncios de nuevos impuestos y de privatizaciones en varias entidades estatales. Se solicita entre otros requerimientos, un aumento adicional en el salario mínimo, considerado injusto e irrisorio por los sectores obreros y por millones de compatriotas que subsisten con unas remuneraciones salariales que atropellan la dignidad de los trabajadores y sus familias. La gente reconoce que sus salarios están por debajo de sus expectativas, perdiendo cada vez más poder adquisitivo; por debajo de los índices de inflación. El Gobierno tiene que ir pensando seriamente en ajustar los salarios de los trabajadores colombianos, considerados entre los más bajos de la región latinoamericana. Un gobierno de corte social como está considerado el de Santos, no puede pasar a la historia como el más insensible con los trabajadores colombianos. Esperamos que la cordura acompañe a Santos y pueda re direccionar medidas económicas a leguas percibidas como antipopulares.
Tercera. Algunos sectores sociales y económicos están aprovechando la coyuntura para hacer campaña contra el plebiscito y contra Santos para ponerle atrancos a la paz. No obstante la paz no tiene reversa, avanza cada semana tras las negociaciones en La Habana. Este es el año de la paz, lo anunció el presidente Santos hace unas semanas. La paz es un deber y derecho constitucional. La paz es una empresa rentable que nos beneficia a todos. De ello estamos seguros. A Santos se le reeligió- lo reelegimos- por su compromiso de paz y en esta tarea ha empeñado todo su aliento, todas sus energías y lo está logrando. Por ello insistimos en afirmar que si el presidente logra la paz, démonos por bien servidos. Quedarán atrás más de cinco décadas de guerra absurda, que produjo miles de muertos y daños a la infraestructura nacional. El nuevo país es compromiso de todos. El postconflicto no será tarea fácil pero hay que afrontarlo con realismo y con optimismo. Dice el filósofo Hobbes que hay que dar garantía del tiempo futuro para ser perdonadas las ofensas pasadas de quienes, arrepintiéndose desean ser perdonados, y que en términos de pensar en venganzas es necesario pensar no en la magnitud del mal pasado sino en la grandeza del bien venidero.
Cuarta. Hay que respaldar al presidente en su propósito de paz. Por eso compartimos la tesis del columnista Felipe Zuleta Lleras, publicada recientemente en El Espectador: “El presidente Santos se la jugado toda por la paz, y la verdad hay que abonarle su persistencia En miles de oportunidades lo critican, lo insultan, le dicen toda clase de cosas y él sigue hacia adelante porque está convencido, como es apenas lógico, de que Colombia en paz tiene todo el potencial para ser de verdad un maravilloso país. De hecho ya lo es. Pero sin lugar a dudas puede ser mucho mejor. Quedan unos pocos meses para ver la paz, para vivirla, para sentirla. Solamente nos queda a los amigos de la paz votar por el SI en el plebiscito”.
Coletilla: Hacemos votos y rogamos a Dios por la pronta recuperación del conocido periodista, Ricardo Román, propietario y director del periódico “La Nigua”, donde también hemos tenido la oportunidad de escribir. Los diferentes medios periodísticos y la sociedad caucana en general están unidos mediante cadena de oración por el restablecimiento de la salud del periodista que en estos momentos se encuentra en cuidados intensivos en una clínica de la ciudad. Acompañamos espiritualmente a los familiares y amigos del connotado hombre de prensa.



