Reflexiones

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Carlos E. Cañar Sarria – [email protected]
Primera. Comenzamos un nuevo año con muchas expectativas. Nuevos gobiernos departamentales y municipales, nuevas asambleas y concejos; así en la práctica no todo tenga sabor de novedad. Pero en fin, se esperan nuevos aires de renovación en la administración pública y en la praxis legislativa de diputados y concejales. Ojalá a éstos les caracterice un verdadero control político en las regiones y localidades colombianas y que velen por la solución de los problemas más apremiantes de las comunidades y no se dediquen a condecorar a todo al que se les antoje y dejen de legislar pendejadas, como en muchas ocasiones suele ocurrir en el Cauca. Donde la gente aspira a sentir más gobierno, más administración y menos condecoraciones.
Segunda. Mediante informes de prensa nos enteramos de los pormenores de los actos de posesión del gobernador, ingeniero Oscar Rodrigo Campo Hurtado y del alcalde de Popayán, Contador público, César Cristian Gómez Castro. Dos figuras jóvenes que tienen el gran reto de construir los cambios anunciados en sus respectivas campañas. Esperamos con relativo optimismo que puedan llevar a cabo gran parte de lo consignado en sus programas y propuestas de gobierno. No será tarea fácil, pero lo más sano y prudente es esperar el vaivén de los acontecimientos, que de seguro habrá mucha tela que cortar.
Tercera. En los actos de posesión de los citados mandatarios, las imágenes televisivas y las fotografías registraron la presencia de mucho lagarto. Es decir, personas que no se quieren perder ningún momento de importancia para posar con los que quieren estar y que, desde luego, algo andan buscando para nutrir sus mezquinos intereses. Tampoco faltaron personajes reciclados de la política. Y otros ‘ángeles de la guarda’ de los nuevos mandatarios pertenecientes a la vieja clase política que ponen en entredicho los cambios anunciados como críticamente lo han comentado las redes sociales.
Cuarta. La presencia de las mujeres en las nuevas administraciones es algo que merece la pena destacar, lo mismo la participación de personas jóvenes, algunos con trayectoria y otros desconocidos. Lo importante es que les caracterice el compromiso y la sensibilidad social. Desde luego, como casi siempre sucede en estas situaciones, no todo el mundo va a quedar contento. Pero así es la política, más aún cuando la cultura clientelista y politiquera no es posible erradicar fácilmente en un país como el nuestro donde los criterios meritocráticos para acceder al poder han sido prácticamente escasos.
Quinta. En la conformación del gabinete departamental nos parece acertada la designación de la comunicadora social, Jimena Velasco Chaves en la Oficina Asesora de Planeación, del ingeniero agrónomo y abogado, Juan Carlos Maya Feijoo en la Secretaría de Desarrollo Económico y Competitividad, del abogado Miguel Eduardo Muñoz Guevara en la gerencia de la Lotería del Cauca y de la abogada Ana Bolena García, quien fue ratificada en Indeportes Cauca. Funcionarios que gracias a su trayectoria en la administración pública pueden aportar en la construcción de los cambios anunciados por el ingeniero Oscar Campo.
Sexta. En lo concerniente a la conformación del gabinete del municipio de Popayán, entre otros funcionarios, nos parece acertada la designación del Magister Jhan Alejandro Sandoval en la Secretaría de Educación. Su trayectoria académica e investigativa, su visión de la educación y del municipio podrá permitirle descollar con éxito el desempeño de su cartera. La designación de la comunicadora social, Katherine Castañeda en la jefatura de la Oficina Asesora de Prensa y Comunicación ha sido un nombramiento bien recibido por los medios periodísticos y la comunidad en general.
Séptima. Después de más de tres años de negociaciones entre el Gobierno y la guerrilla de las Farc, el 2016 será el año de la paz. El 23 de marzo es la fecha anunciada para finalizar un conflicto de más de cincuenta años que ha dejado como secuela miles de muertos e innumerables pérdidas a la infraestructura nacional. El 2016 empezaremos los colombianos a construir una nueva cultura, la cultura de la paz. No será tarea fácil pero es necesario concentrar todos los esfuerzos en este compromiso colectivo.
Octava. Decretar el Gobierno un aumento del salario mínimo del 7% no es sólo injusto sino también perverso. Aumento que no se acopla a los índices de inflación y a las expectativas de la población de lograr unas condiciones de dignidad de los trabajadores y sus familias. ¡Cómo contrasta el salario mínimo nacional con los sueldos y aumentos asignados a los congresistas! Pensamos que difícilmente podríamos conseguir la paz política descuidando la paz económica, la cual debe empezar por un salario mínimo en condiciones de justicia y equidad. Las profundas desigualdades socioeconómicas tan arraigadas en nuestro país que obedecen a las causas objetivas de la violencia se convierten en obstáculo inevitable en la democratización de nuestra sociedad. El salario mínimo de los colombianos representa una vergüenza ante los salarios mínimos de varios países de la región latinoamericana.



