POR UN QUILICHAO MÁS AMABLE

Dicen por allí que los taxistas en cualquier ciudad del mundo, son los mejores críticos de la misma, pues ellos son los fieles veedores de su progreso o retroceso.
En días pasados, conversando animadamente con uno de ellos, mientras me hacía el favor de llevarme al mal llamado “Terminal de Transportes” de Santander de Quilichao (pues de terminal no tiene nada que se le parezca, siendo solo un simple paradero de buses intermunicipales, con perdón y disculpas para nuestros visitantes), para luego esperar un bus que me condujera a Popayán, conversamos sobre el caos y el desorden vehicular en nuestra ciudad, me hacía la observación perentoria y la recomendación de imponer las llamadas foto multas, al estilo de Cali y otras ciudades, para tratar de rescatar “a las malas y a la brava” según él decía, el orden vehicular perdido, cuando algunos conductores de moto especialmente y otros en cualquier vehículo “hacen lo que les da la gana, sin Dios y sin Ley”, con ausencia total de las autoridades encargadas.
Ese agudo y radical comentario de mi amigo el taxista, pone el dedo en la llaga acerca de la actual situación desordenada y caótica que en materia de movilidad urbana tiene Santander de Quilichao, considerada la segunda ciudad del Cauca.
Siguiendo con el comentario del taxista, esa solución drástica de las foto-multas obliga a los conductores a portarse bien, a aprender a comportarse como buenos ciudadanos en pro del bienestar del resto de la comunidad. Y es que en nuestra “Ciudad de los Samanes”, la cultura ciudadana brilla por su ausencia; precisamente cuando mi amigo me hablaba del tema, en un solo cruce de la Panamericana, en la intersección de la Calle 10 con dicha vía principal, donde hay un semáforo, un muchacho “loco” (así los llamo yo) en su moto cruzó cuando estaba en rojo y otros dos con sus motos dieron la vuelta en U, subiendo por la misma vía y girando a la izquierda, en presencia de los otros conductores asustados, quienes observaban esas “maniobras” desafiantes y peligrosas.
Comentando otro caso de la vida diaria quilichagueña para mostrar cuán lejos estamos para alcanzar esa excelencia en competencias ciudadanas, varias personas fuimos testigos el sábado pasado 12 de Diciembre a las 11:30 de la mañana, de la actuación de un conductor atarbán, quien conducía un automóvil nuevo, de color gris, por la carrera once, entre calles cuarta y quinta. En ese momento, un señor ya entrado en años, ayudado por sus familiares, hizo parar un taxi y entonces ese conductor del vehículo gris sin la menor pizca de educación, mostrando su talante de ciudadano desordenado y no apto para vivir en sociedad, “un desadaptado” diría alguien, empezó a hacer sonar estrepitosamente el pito de su carro, como obligando al señor a que se subiera rápido. Todos los allí presentes, protestaron contra ese conductor, quien sin importarle nada, siguió su camino, pitando y pitando a más no poder.
Estos comentarios y reflexiones, los escribo con la mejor intención como propuesta de gobierno municipal para el próximo alcalde, y así lograr una ciudad más amable y ordenada, con un tráfico vial controlado.
Los quilichagueños nos merecemos una ciudad amable como regalo para el 2016.




