BOGOTÁ GLOBAL Y JOVEN


Muy de paso he subido de estos 500 metros de Cali junto al mar de Buenaventura y Juanchito a la altura de los 2600 junto a los cerros de Monserrate y Guadalupe en la populosa Bogotá, capital de la República.
La he encontrado joven, moderna, abarrotada de automóviles, buses de Transmilenio y muchísimas motos y buen número de bicicletas. Su cielo azul con distintos tonos, según el paso de las horas, y adornado con caprichosas formas y caras. No encontré caos ni trancones interminables en las vías y tampoco sentí en mis ojos el escozor -propio de ciudades con 12 millones de habitantes – , con polución.
Bogotá es una mujer en evolución. Sufre, como toda mujer, de descuidos, insultos, ataques de día y de noche, y es ultrajada con epítetos como violenta, inhumana, atascada en su tráfico, peligrosa en sus calles de día y sobre todo de noche.
Pero no. Pareciera que, – como una mujer casada -, Bogotá da que hablar según su esposo, el Alcalde que la lleve de la mano. Ese es el caso. Ahora que hay cambio de rumbo los temas de conversación girarán en sentido contrario. Y se notarán de bulto las cosas buenas que sucedieron en los pasados cuatro años.
Cierto que Bogotá marca el paso y el ritmo para otras ciudades y pueblos. En ella se encuentran los estilos, lo modelos, las modas, en construcción, comidas, vestuario, transporte, trato y jergas urbanas. Por eso cuando uno observa el diseño, los distintos modos agruparse los barrios, también nota el sello que la distingue por el acento, la rapidez de vida, las sensaciones únicas que brotan de las gentes que allí habitan.
Algunas de las vitrinas en donde se exhibe la identidad de la Ciudad son los grandes almacenes comerciales, sus bibliotecas, museos, centros deportivos, de exposiciones y de recreación y, afortunadamente, sus universidades, bibliotecas y librerías.
Bogotá realiza en esta época su 25 Feria de ExpoArtesanías en los pabellones de Corferias. Queda uno admirado con la multitud de muestras en joyería, bisutería, sombrerería, madera, vidrio, juguetería, hogar, vestuario, zapatería… Se cansa uno de ver, caminar, probar tazas de café, se sienta a almorzar platos de Cáqueza, Santander, de las costas pacífica, atlántica, chocoana, indígenas emberas, catías, paeces… y no acaba de admirar la calidad y variedad de la producción artesanal que sale de la mano de obra colombiana.

Ya al final de la jornada fuimos a conocer en detalle la belleza del espacio que el Distrito habilitó para la Biblioteca Virgilio Barco Vargas. Qué paisaje, avenidas para la recreación, el ocio de niños, jóvenes y adultos, qué organización en ambiente de libertad, qué limpieza y orden, qué cuidado del mobiliario, qué facilidad para el préstamo y devolución de libros. Hasta el agua tiene unas gradas para bajar desde el segundo piso. Se parece en su tecnología, servicios y disposición a la del MIT en Amherts, USA.
Regresa uno a su sede diaria y parece volver de un sueño. Es tan diferente el clima, el paisaje y la fastuosidad de nuestra Capital tan difamada.
13-12-15 11:40 a.m.




