Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Jueves:
Popayán 5 y 6
Cali 5 y 6
Jueves, 1 de octubre de 2026
martes 8 diciembre, 2015 a las 7:41 pm

ESTRELLAS EN EL CIELO ROJO

ñus
LogoBulevar
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano
ñus
Manada grande de los ñus que caminan en busca del agua / http://es.dreamstime.com/foto-de-archivo-el-caminar-de-los-%C3%B1us-image48647969

El sueño del eremita se disipó, de pronto, hacia la media noche. Por la rendija, debajo de la puerta de su covacha, entró un resplandor rojo. Era la Luna que estaba riendo a esa hora con las estrellas. El ermitaño exudaba copiosamente porque la temperatura había subido más de lo normal.

Se irguió sobre su lecho blanco y tomó el sudario para secar las gotitas que bajaban del cuello hacia la espalda. Lanzó un suspiro hondo y puso los pies sobre la arena tibia de su recámara. Permaneció sentado por largo tiempo con brazos abiertos para dar lugar a que la brisa acabara el oficio de refrescar su cuerpo.

Decidió ponerse la túnica de lino con mangas anchas y salió a saludar la noche roja que lo miraba. A lo lejos unas cigarras chismoteaban en los sicomoros vecinos. Alrededor de la Luna miles de estrellas abrían y cerraban sus párpados. Parecían cocuyos de pesebre con luz intermitente.

Caminaba lento sin casi pensar, sin sandalias sus pies resbalaban sumisos por sobre los millares de puntitos tibios que se hundían suaves bajo su peso. Porque la arena sabe cuándo el peregrino necesita que le acaricien los pies que vagan sobre su colchón flexible.

Se sentó, entonces, como lo hacen los beduinos junto al oasis. Bajó la testa, cerró los ojos y abrió la ventana de su mente. ¿Estaría el mundo allá, en la lejanía de la ciudad confusa, con noche roja y tibia arena? Seguramente no. Esa felicidad no es para el mundo moderno. Prefiere el ruido de motores y turbinas, la velocidad de los objetos y los signos, el lenguaje comprimido y la exuberancia de los dólares al lenguaje del silencio y la parquedad del alimento corporal.

Una paz callada se apoderó de sus músculos, de sus huesos pálidos y de su espalda enjuta. Se echó hacia atrás y se sumió entre la noche como el camaleón cabe la arena. Se confundió así con las dunas y dormitó como lo hacen los camellos sin la carga de los meses sobre su joroba.

Calló el desierto más que en las noches frías y la noche ebria miró compasiva al eremita. Lo cubrió con su manto rojo y las estrellas cesaron su parpadeo coqueto ante sus ojos.

El eremita durmió como un cabrito bajo la sombra y la mirada de su cabra madre. Como si se le hubiera secado el cerebro y fuera una piedra sagrada en el desierto y fue como un banco de arena más en la sabana de Tanzania.

Lo sorprendió en la madrugada el paso de un rebaño migratorio de ñus. Se apartó de su camino y devolvió su mirada y el recorrido de la noche anterior hasta el reducto lejano de la vida sibarita y lúbrica.

08-12-15                                           11:25 a.m.

Articulos relacionados

miércoles 30 septiembre, 2026 a las 5:10 pm

Sotará prepara comunidades para enfrentar incendios forestales

miércoles 30 septiembre, 2026 a las 4:57 pm

La paz no se puede decretar