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Martes, 6 de octubre de 2026

50 años del sueño del señor King

Martin Luther King
Diogenes Diaz Carabalí
Diógenes Díaz Carabalí

El 28 de agosto de 1963, Martín Luther King pronunció el memorable discurso contra la segregación en los Estados Unidos. Es decir, hace cincuenta años, cuando algunos apenas correteábamos con los pies desnudos, sobre el suelo desnudo que es la prolongación del suelo norteamericano. Por eso la pieza oratoria del señor King se convierte en patrimonio imperativo de la voz humana, seña y estímulo por los derechos de todo hombre, para poner la paz como principio: “…no debemos conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca. Porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí en este día, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro. Y también han llegado a comprender que su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra.”

Fue un discurso rodeado de símbolos, dicho frente a la estatua de Abraham Lincoln propulsor de la libertad de los Estados Unidos, en un escenario capital, el Lincoln Memorial, durante la histórica Marcha sobre Washington, frente a cientos de miles de ciudadanos negros, y también blancos, de todos los partidos, de todas las ideologías, de todos los credos. Desde entonces la pieza se denominó: “Tengo un sueño”. “Sueño que un día, incluso en el estado de Mississippi, un estado que se sofoca con el sudor de la injusticia, que se ahoga con el sudor de la opresión, habrá de convertirse en un oasis de libertad y de justicia.”

El sueño de Martin Luther King es un sueño de todos, tan actual como la injusticia que persiste, como la discriminación que se disfraza bajo motes convencionales, un “Sueño que un día (…) los niños y las niñas negros podrán estrechar sus manos con los niños y las niñas blancas, y caminarán juntos como hermanos y hermanas. Tengo un sueño, hoy. He soñado que un día, los valles ascenderán, las montañas y las colinas se allanarán, lo agreste se tornará suave, lo torcido se enderezará…” Un sueño para que los hombres y las mujeres nuevos florezcan libres de odio, con el derecho de todos, niños y jóvenes, adultos y viejos, a vivir con dignidad.

Un sueño de esperanza. La esperanza de los niños desnutridos de Etiopía, la esperanza de las mujeres musulmanas, la esperanza de los homosexuales y las lesbianas, la esperanza de todos los discriminados; la esperanza de los pobres en los tugurios, la esperanza de los drogadictos que pernoctan sobre los andenes, la esperanza de los campesinos cuyo trabajo no les alcanza para conseguir el sustento, la esperanza de los seres invisibles junto a los que pasamos todos los días sin conmovernos. La esperanza bajo la égida de Luther King, como que “Esta es la esperanza con la que retorno al sur, la fe con la que seremos capaces de extraer de la montaña de la desesperación una roca de esperanza.”

El 4 de abril de 1968 Martín Luther king sería asesinado sin que hasta hoy se haya conseguido identificar a los culpables, aunque se habla de un complot del gobierno norteamericano. Pero el legado de Luther King está vivo en el corazón y en el alma de todos los pueblos. Convertido en símbolo de los marginados de todo el mundo, Martin Luther King transformó la humanidad en forma tan radical como ninguno otro ha podido lograrlo en los dos últimos siglos. Después del famoso discurso del Lincoln Center la sociedad de los Estados Unidos no fue la misma, y todo el planeta ve a este hombre negro como el liberador sin disparar un arma, sin lanzar una sola frase con contenido agresivo, sin hablar de cambiar las estructuras, con el solo propósito de la paz. Porque tenía muy claro que todos y todas tenemos el sagrado derecho de vivir, y que todos y todas podemos tomarnos de la mano para disfrutar el paraíso que nos ha tocado en herencia.

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