TODO BIEN, TODO BIEN

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La primera lectura que hice el domingo 25 de agosto fue la de un boletín de prensa expedido desde la Gobernación del Cauca, en el cual se expresaba claramente que la situación de orden público era inmejorable, en consideración a la reunión que se llevó a cabo en el sur del departamento con líderes sociales y políticos de la región.
Pues bien, ese pequeño documento me motivó a tomar la decisión de compartir el dominical con mi familia en el municipio de Piendamó. De regreso a Popayán, nos pareció curioso cómo todos los conductores que viajaban de sur a norte trataban de comunicarse con sus manos y voces lejanas pretendiendo que dedujéramos que algo estaba sucediendo sobre la vía. Pues no, como si no fuera con nosotros, continuamos el andar, de repente nos encontramos con la desagradable sorpresa que a la altura de la Venta de Cajibío, un grupo de personas obligaban a los conductores de dos busetas a atravesar sus vehículos sobre la vía para luego proceder a incinerarlas.
Raudos, a pocos metros de los hechos y entendiendo lo que nos querían informar los conductores, giramos abruptamente y nos devolvimos para estacionarnos frente a un contingente de muchachos que hacen parte de la Policía Nacional.
Poco a poco cientos de vehículos fueron estacionados por sus conductores, esperando que los impuestos pagados y puestos en la dotación de las fuerzas armadas surtieran el resultado esperado: desalojar de la vía a un centenar de nacionales, algunos empecinados en lograr con la movilización, lo que en un centenar de años no ha sido posible, y es que el Estado ponga sus ojos y herramientas productivas sobre su región, buscando la reivindicación social con apoyo asistencial que haga que su fuerza productiva se redima en recursos que les permita obtener calidad de vida para sus descendientes y de ellos mismos como personas que buscan vivir de la tierra de manera honesta y para que la gente de las ciudades tengan el alimento apropiado para llevar a sus mesas.
Otros nacionales, infiltrados, que a estas alturas del partido, como se dice jocosamente, de todos es conocido que así sucede por más que se quiera ocultar, buscando reivindicaciones en una lucha estéril, porque de otra manera como podría explicarse la actuación denodada por parte de los líderes guerrilleros en la mesa de dialogo de La Habana por buscar su actuación, en la cual todos aspiramos, y es verlos desde las instancias democráticas, luchar por la desigualdad social que agobia a este país; existen otros infiltrados que buscan réditos “políticos” con miras a las próximas elecciones parlamentarias y de la presidencia de la república, cabe la pregunta, ¿acaso la democracia no les dio la oportunidad por ocho años en el solio de Bolívar para que trabajaran por el desarrollo social de los colombianos?
Claro, la respuesta es inmediata, era más importante repartir notarias, feriar el programa de agroingreso seguro con los poderosos del país, hacer repartija, entre algunos miembros de la clase política, de los bienes que fueron sujeto de extinción a los narcotraficantes; esos, hoy día se rasgan las vestiduras y piden al pueblo que les permita: primero llevar áulicos al Congreso para que aprueben leyes que hagan fácil su tarea para seguir desmantelando al país y luego, llevar a la presidencia a un “muñeco” para que desde las faldas del Centro Democrático con la magia de un ventrículo, guie a nuestra Colombia a un abismo sin fondo.



