31 de marzo


31 de marzo

Vio caer los campanarios, muros y aleros.
Vio caer la vida y razones de la fe.
Pedazos de sol, trozos de vida manchados de carmín.
Al día lo empañó el polvo de los siglos, una nube densa teñía lo que quedaba de leyenda.
Era una Ciudad Blanca, aves del cielo no podían creerlo; no había dónde adornar una bendita mirada.
¿Hubo aquí un muro con blasones, acaso dioses tropezaron el camino, el destino llovió flores negras?
Réquiem en los ojos, asombro, desolación; toda voz era estupor, los cantos quedaron guardados, rúbricas de pena.
Vio venir las noches arrugadas, los rostros magullados, araucarias aterradas de ver tanto dolor entre cenizas.
Vio el espanto apoderarse de las calles, el comienzo o final de una epopeya.
Vio que el tiempo se alargaba. Había frutas en el solar… ¿no viste cómo lloraban entre ellas?
¿No viste los zaguanes impedir el paso al día, las puertas estremecidas, los lamentos de las damas con sus niños?
Ese día la ciudad vio sábanas de muerte cubrir las montañas; el sol y la luna lloraron de la mano; todo era sombra, vestidos de luto, ventanales arruinados, caos en los tejados.
La torre y su reloj quedaron ciegos entre los escombros.
Vimos a ese día marcar eternamente la memoria, ese jueves santo de campanas negras.
RVQ



