260 años después: Quilichao Polo de Desarrollo


Desde la construcción de las primeras chozas en el valle que los primeros conquistadores llamaron “Jamaica de los Quilichaos”, este encuentro de caminos nació posiblemente a finales del siglo XVII, como ‘hijo indeseado’ de la aristocrática Popayán y su sucursal Caloto, pues el caserío de comerciantes y mestizos advenedizos, favorecía el intercambio ilegal de telas, chucherías, tabaco y aguardiente, por el oro que lograban ocultar a los ojos acuciosos de los temidos capataces los negros esclavos de las minas de Quinamayó, Dominguillo, el Canalón, Vilachí y otras veredas, donde los españoles construyeron 13 capillas doctrineras, para amansarles costumbres, música, baile de tambores y culto a dioses tribales, que traían desde Angola y el Congo.
Al ser centro de intercambio libre en medio del rígido monopolio comercial impuesto por la colonia a toda clase de mercancías, desde Popayán y Caloto intentaron destruir el caserío, incluida la capilla, para continuar donde hoy están los barrios “El Canalón” y Centro, las obras de conducción de aguas desde las quebradas “Agua Limpia” y otras cercanas, por medio de canalones y túneles construidos por esclavos con piedra y ladrillo, para lavar las lomas vecinas de su capa vegetal y cernirles el precioso metal amarillo abundante en esta comarca, que en lenguaje nasa significa Quilichao: “Tierra de oro”.
Según Lucrecia Tello Marulanda, (q.e.p.d.), que consultó documentos del Archivo Histórico del Cauca desde mediados del siglo XVIII, los vecinos de Quilichao entablaron un prolongado pleito con la familia Arboleda, propietaria de explotaciones de oro en la región, para evitar que la población fuera arrasada, llegando el litigio hasta la corona española, que al final dio la razón a los quilichagûeños, siendo declarado el asentamiento Villa, mediante Decreto del 16 de julio de 1755, (fecha adoptada por el alcalde Carlos Bonilla, como de aniversario de fundación) promulgado por el Virrey Solís y el cual fue rechazado y apelado por los caloteños, que no se resignaban a perder el liderazgo en la Provincia.
Durante la Independencia, la mayoría de la población apoyó la causa, albergando a los ejércitos en varias ocasiones y con la participación de dirigentes como Agustín Fernández de Navia, Ana Josefa Morales Duque, Dorotea y Rafaela Denis, fusilados por las tropas de Morillo y de otros mestizos y negros que se vincularon a las filas patriotas durante la campaña libertadora.
Desde entonces y cuando después de la Independencia fue creado el Municipio, el Cabildo adoptó el nombre de Santander de Quilichao, en honor al “Hombre de Leyes”, y gracias a su privilegiada posición geográfica, en el inicio por el sur del Valle geográfico del río Cauca, la población desde donde se ramifican vías para todos los municipios del norte del Cauca, continuó su crecimiento impulsado por habitantes proclives al mestizaje y acostumbrados al trabajo y comercio, construyendo sus casas en etapas, por esfuerzo y financiamiento propio, de adobe en adobe y de ladrillo en ladrillo, como destacara en su libro el arquitecto Armando Velasco Zúñiga,(q.e.p.d.), hasta llegar a convertirse en un dinámico polo de desarrollo urbano, comercial, industrial, administrativo y de servicios de salud y educación, para el norte del Cauca y sur del Valle, habitado 260 años después de ser declarado “Villa”, por cerca de 70.000 habitantes en la cabecera municipal y 25.000, en el corregimiento de Mondomo y numerosas veredas que abarcan la parte montañosa y plana del Municipio, en un área de 518 kilómetros cuadrados, donde en minifundios, resguardos indígenas y fincas de mediana extensión, alternan la economía campesina de pancoger con cría de especies menores, ganados y cultivos y procesamiento de plátano, yuca, frutales, café, maíz, etc., alternando con los extensos cultivos de caña en la parte plana, y que en las dos últimas décadas se han extendido desde Villarrica hasta las goteras de Santander, para abastecer los ingenios y el ‘clúster de la caña’ que comprende a fábricas de papel como el antiguo Propal, hoy del grupo Carvajal y la fábrica de Colombina y otras procesadoras de alimentos y bebidas instaladas en los parques industriales de la región.
A diferencia de otros municipios del norte del Cauca, donde el desgreño administrativo y la corrupción han sido grandes limitantes para su desarrollo, históricamente en Quilichao y sin tener en cuenta las diferentes tendencias políticas que lo han administrado, la inversión pública no ha sido tan rapiñada (¿será que la corrupción está en “las justas proporciones” del 10%, que aconsejaba el expresidente Turbay?) y se evidencia en la calidad de sus servicios públicos y especialmente de suministro constante de agua potable, cobertura de alcantarillado, energía eléctrica, internet, estado de sus vías y edificios públicos (administrativos, de salud y educación) en los sectores urbanos y rurales.
Desde 1995, con la Ley Páez, se instalaron en el norte del Cauca y Santander de Quilichao, numerosas industrias concentradas en varios parques industriales, ubicados en la cabecera municipal y en el entonces corregimiento de Villarrica, que poco después se convirtió en municipio independiente. Aunque la mayoría de industrias quedaron en Villarrica, la separación favoreció a ambas poblaciones, pues les permitió concentrar la administración y recursos en proyectos y obras en sus jurisdicciones, especializándose la cabecera municipal de Quilichao, gracias a su dotación y ubicación equidistante, en centro de prestación de servicios de las administraciones departamental y nacionales, así como bancarios, de salud y educativos, con la próxima construcción del nuevo hospital regional de tercer nivel y la ciudadela universitaria, en amplio lote de 23 hectáreas donadas por el Departamento ,que albergará a la Universidad del Cauca, la UNAD, el Sena y algunos programas de la Universidad Valle, que también cuenta con sede propia en instalaciones donadas por la Fundación Carvajal y en la actualidad comparten con Unicauca. Otras entidades privadas como la Fundación Universitaria de Popayán y Unicomfacauca, también ofrecen numerosas carreras y programas de posgrado a los que acuden habitantes de Quilichao y de municipios vecinos del norte del Cauca y sur del Valle, incluido Cali, solidificándose como “Ciudad universitaria del norte del Cauca”, con cerca de quince programas de pregrado y varios posgrados ofrecidos por las diversas instituciones, con énfasis e carreras ligadas a las industrias instaladas en la región al igual que las tecnologías ofrecidas por el Sena y Unicomfacauca.
Otras proyectos pendientes para ejecución son la construcción de la nueva galería y el terminal de transportes, para descongestionar el centro actual y catapultar un nuevo Polo de Desarrollo hacía la zona donde quedará el nuevo hospital, está la Universidad del Valle y hay más lotes disponibles y dinámica urbanizadora. Para la construcción del Hospital ya hay planos y presupuesto para iniciar obras. Para la nueva central de abastos y terminal de transportes ya hay lotes comprados por el actual alcalde después de negociaciones criticadas por el periódico Proclama y la oposición, por supuestamente favorecer intereses ocultos de algunos particulares y funcionarios del municipio.
Pese a dificultades, como el alto índice de delincuencia, inseguridad vial y otras falencias estimuladas por el acelerado crecimiento, Quilichao sigue adelante.



