El ambiente complejo que se vivió a mediados del siglo XX en Vietnam cuenta con pocos paralelos en la historia. Ngo Dinh Diem, un ex burócrata de la administración colonial, se convirtió en 1955 en el primer presidente de la república de Vietnam del Sur. Diem tuvo que sobrellevar los primeros años de un país dividido y que luchaba por salir de la sombra de su pasado colonial francés. Ngo Dinh Diem pareció empeñado en hacerlo todo mal. Su gobierno fue déspota y autocrático. Cometió varios fraudes electorales para mantenerse en el poder y reprimió violentamente a cualquier atisbo de oposición. No obstante, uno de los aspectos de su gobierno que le causó mayor impopularidad fue su manejo de la política religiosa. Diem fue un reconocido devoto del catolicismo. Durante todo su gobierno se le acusó de favorecer a la minoría católica —en un país que contaba con una inmensa mayoría budista— y de perseguir de forma violenta a todos los demás credos religiosos.

En 1963 la tensión entre los budistas y el gobierno alcanzó tal grado que atrajo la atención internacional. La población budista se movilizó en masa en diversas ocasiones y el gobierno respondió con represión y actos provocadores, entre estos últimos se destacó la izada protocolaria de la bandera del Vaticano. Con la radicalización del conflicto, los monjes budistas comenzaron a dar las muestras más impactantes del descontento. El 11 de junio de 1963 los budistas citaron a los medios internacionales para que presenciaran una manifestación “importante”. Durante los primeros minutos esta no pareció ser más que una procesión de monjes como cualquiera cotidiana. 350 monjes —o bonzos— se desplazaron en dos grupos, algunos portando pancartas con mensajes que reclamaban igualdad religiosa. Cuando llegaron a la intercesión de dos de las calles más importantes de Saigón se produjo lo inesperado. Tres monjes se bajaron de un automóvil que precedió la procesión. Uno de ellos —Thich Quang Duc— se ubicó en posición de meditación sobre el pavimento, mientras que uno de sus compañeros roció sobre su cabeza el contenido de un bidón de gasolina. Después de esto, Thich Quang Duc pronunció una plegaria y arrojó sobre su cuerpo un fósforo encendido. El monje se consumió en medio de las llamas en posición de flor de loto y sin pronunciar ni un solo quejido, todo esto al frente de las cámaras de diversos medios de todo el mundo.
Antes de morir el monje escribió una carta en la cual solicitó “respetuosamente al presidente” que garantizará la igualdad religiosa en el país. En los meses siguientes, la acción de Thich Quang Duc fue emulada por otros monjes. La actuación radical del monje agregó más presión al deslegitimado gobierno de Diem. Finalmente –y con la aprobación del gobierno de Washington- el presidente vietnamita fue derrocado, arrestado y asesinado el 2 de noviembre de ese mismo año.
