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domingo 24 marzo, 2019 a las 9:29 pm

LA IMPACIENCIA

LA IMPACIENCIA
LA IMPACIENCIA

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

LA IMPACIENCIA

Como un perro que da vueltas alrededor de sí mismo para rascarse la cola y no puede, así es la impaciencia. Es un estado del ánimo humano que quiere actuar de precisa manera y no puede. Algo le impide. Se inhibe. Da vueltas, no se halla, entra y sale, se sienta, se para y su mente no cesa de intentar lo que quiere.

Cuántas veces uno quisiera viajar, salir corriendo, que el día llegara, que algo no hubiera ocurrido, pensando si mañana por fin ocurrirá lo que uno espera… Ha intentado una, dos, veinte veces y no lo ha conseguido. Se rasca uno la cabeza, da vueltas en la alcoba o en la sala y no halla la salida…

Ah, la desazón… la gusaneadera, la rabia secreta por no acertar y dar en el blanco que uno quiere… La voluntad lo quiere, la imaginación lo tiene claro, el gusto está alborotado… pero las circunstancias no lo permiten. Y, por otro lado, uno no es santo para tener la lejana y esquiva Paciencia…

Como cuando uno quería irse rápido y el tren no aparecía allá, en la curva lejana. No se veía el humo, ni se oía el traqueteo de las ruedas de metal sobre los rieles ni la sirena se dejaba oír por entre la humareda del buitrón que emerge delante en el puesto de mando en la locomotora… Miraba uno y miraba y esperaba que asomara por la curva lejana con su negra vestimenta… Ni se calmaba en la espera sentándose en la banca vacía, ahí… detrás de uno: Era mejor esperar de pié y hacer fuerza para que sonara el rugido que lo anunciaba, allá detrás de la loma…

La impaciencia es hija del afán, del deseo intenso, del desespero y la rabia porque no se cumplen las cosas como uno las esperaba. Se revuelven, entonces, los líquidos sanguinolentos allá dentro de uno y la bilis se hace más espesa y la sangre hierve y hasta dan ganas de hundirse bajo tierra.

¡Cómo es que las cosas que, en ese momento que uno espera, no ocurren como uno las había previsto tan claras y puntuales! ¿Por qué la suerte, la ocasión perfecta, el momento tan esperado lo deja a uno expuesto a la incertidumbre y echado al desespero?

No, ¡el ser humano no nació para esperar tanta burla a sus aspiraciones, a su reloj, a lo que siempre ocurre, a lo que se tenía muy bien calculado… piensa el hombre que acostumbra a hacer lo que le plazca cuando se lo ocurre…! ¿Por qué tiene que someterse a las vueltas de la carrilera que esta vez se alargaron más de la cuenta?

Ahí, a la vuelta de la esquina está la Paciencia muerta de risa. Conoce a su hermana caprichosa y sabe que nunca alguien la cambiará para ser cumplida y darle gusto a los afanados. Las cosas no son como uno las había previsto, sino como son.

23-03-19                                         12:30 p.m.

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