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viernes 22 julio, 2011 a las 1:24 pm

YO FUI UN NIÑO NO DESEADO
parroquiasanjosedeguanipaeltigritoanz.blogspo…
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Las palabras nacen desnudas. Y quienes las usamos las vestimos a nuestro acomodo. Como a los monos, las vestimos de seda o con toga negra o de travestis. Como dicen los vendedores, las palabras, como las prendas se ofrecen muchas veces de “unisex”, es decir, encajan a la fuerza y por necesidad en cualquier cuerpo.
El Presidente Santos ha vuelto sus ojos con espanto por la estadística que le ha llegado a sus manos por conducto de Bienestar Familiar. Como a Malthus le preocupa que haya tantas bocas abiertas en el mercado y no encuentren comida, ni educación ni empleo. Colombia es una nación muy conservadora que no aplica la planificación, o sea, el uso de los preservativos en el momento de copular. Suena todavía como propia en los oídos la orden de Dios a los animales: creced y multiplicaos, sin ninguna duda o consideración previa.
Presentó en sociedad la cifra de la verdad sabida: en Colombia el 52 por ciento, ni más ni menos, según el Dane, de los niños y niñas que nacen no son deseados por sus padres. La idea queda en el aire. ¿Qué quiere decir que nacen sin ser deseados? ¿Que después de nacer no son deseados? ¿O que en el momento de copular nunca se pensó que por esa acción caprichosa y producto de una borrachera o una ocasión dichosa, no se reflexionó que de ahí nacería un ser humano? La frase es demasiado ambigua.
Tal vez se quiera decir que es estrategia muy humana y saludable que los novios o amigos y los esposos y amantes tuvieran en su billetera o en el bolso un condón prudente. Que no se aguanten las ganas, que “suceda lo que tenía que suceder”, pero que haya una mínima previsión. O sea, que haya planificación para tener prole. Lo más posible y estadístico es que de un coito resulte luego una concepción. Eso lo deben saber los niños de pecho, los de siete años, los impúberes y las quinceañeras y mucho más quienes se casan.
Decir que el 52 por ciento de los niños que nacen en Colombia no son deseados puede ser una mentira oficial y crasa. ¿A quién le puede pasar por la cabeza que cuando el joven o la joven o el adulto observa que la mujer ha quedado embarazada quiera deshacerse del hijo que está encerrado en la placenta? Eso solo cabe en hombres o mujeres sin moral o principios, en seres sin escrúpulos sociales, capaces de cometer cualquier otro delito.
Pero otra cosa es la costumbre y la educación cristiana que aún impera en nuestro territorio. Que se practique el modo de “unirse” el hombre con la mujer sin protección alguna en todos los momentos que ocurre la incitación del placer. Ni remotamente se piensa o se forma el propósito de que de esa unión puede nacer una criatura. Apenas en una escasísima proporción alguien pensará y deseará que un hijo nazca. El impulso prevalece y la intención natural se olvida. Más del 95 por ciento, en estos casos, no se desean los hijos. Esa es la verdad real. Tal vez en estas condiciones nací yo, y no por eso soy infeliz.
Esta alharaca del 52 por ciento es una pataleta neoliberal de vieja data, que no tiene nada de social si no se mejora el panorama familiar y de salud, de educación y laboral en Colombia. Es una cifra para detener la natalidad, y que pone en evidencia la falta de oportunidades en el país y de equidad como derecho de todos los individuos que nacen.
22-07-11 – 11:05 a.m.
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