¿Y si Abelardo se posesiona en Popayán?


Por Juan Carlos López Castrillón.
Corre una versión, aún sin confirmar, según la cual el presidente electo, Abelardo de la Espriella, estaría considerando realizar la ceremonia de transmisión del mando en un cantón militar, concretamente en Popayán.
Hagamos el ejercicio de imaginación y supongamos que la noticia se ratifica y que el próximo 7 de agosto ese hecho histórico tiene lugar en las instalaciones del Batallón José Hilario López.
Lo primero sería asegurar muy bien las banderas, para evitar que alguna vuelva a desplomarse como ocurrió el pasado viernes durante la rendición de cuentas de la Alcaldía de Popayán, cuando la bandera del Cauca decidió, por cuenta propia, aterrizar sobre la cabeza del burgomaestre y propinarle un soberano coscorrón. Hay quienes sostienen que no fue un accidente, sino la primera protesta protocolaria de un símbolo patrio frente al estado de su capital.
Lo segundo será administrar la lista de invitados. Mejor dicho, la estampida de lagartos locales y nacionales que harán hasta lo imposible por conseguir una silla bajo la carpa presidencial. Se avecina una competencia feroz para demostrar quién es el más tigre de la manada y quién la tigresa de mayor pedigrí. No sería extraño que la autoridad ambiental tuviera que intervenir para evitar un auténtico tigricidio político por exceso de felinos disputándose la foto.
Lo tercero consistirá en contratar al mejor chamán de Colombia o, por si acaso, importar al brujo de Ghana, con el único propósito de convencer al volcán Puracé de que ese día se tome unas vacaciones. Porque si decide mandar su acostumbrada lluvia de ceniza y el aeropuerto termina cerrado, tocará movilizar a las delegaciones desde Palmaseca, rezando para que la Panamericana no tenga agendado uno de sus tradicionales bloqueos. Sería una posesión presidencial con escala obligada en la paciencia.
Pero demos por hecho que todo sale a pedir de boca. Terminados los discursos llegará el inevitable besamanos, ese deporte nacional en el que todos descubren, de un momento a otro, una amistad entrañable con el nuevo presidente. La fila podría arrancar en el parque de Caldas y terminar en la entrada del batallón. Solo quedaría pedir que los vientos de agosto tengan consideración con las moñas y los peinados de las distinguidas asistentes, no vaya a ser que el primer “atentado” contra el nuevo gobierno termine siendo una fuerte ráfaga de aire.
Entre las buenas noticias estaría, sin duda, el revolcón económico para la ciudad. Hoteles llenos, restaurantes a reventar, transporte sin descanso y el comercio haciendo su agosto… literalmente. Una especie de Semana Santa, pero sin procesiones y con más camionetas blindadas.
Ahora bien, todo ese despliegue se quedaría incompleto si en el gabinete que acompañe la ceremonia no figura una ministra caucana. Y ese nombre, por lo menos en las apuestas de muchos, tiene dueña: Paloma Valencia.
En conclusión, y siguiendo este ejercicio de ficción política, la posesión del Tigre como presidente número 62 de Colombia podría terminar siendo un extraordinario negocio para Popayán. Quién quita que la ciudad les coja el gusto a las posesiones presidenciales y, de ahora en adelante, todos los mandatarios quieran estrenarse aquí.
Posdata local: Muy entretenidos los datos presentados en la rendición de cuentas de la administración municipal. Habrá tiempo para desmenuzarlos. Después de verlos, el banderazo deja de parecer un accidente y empieza a sentirse como un acto de sinceridad institucional.



