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Jueves, 1 de octubre de 2026
miércoles 20 mayo, 2009 a las 12:52 pm

Y en silencio nos fuimos nunca supimos para dónde

Muy estimado Alfonso: Te recomiendo la publicación del cuento que te envío, es muy hermoso.

El poeta español Antonio Porpetta, de gran trayectoria literaria, participó con mucho éxito hace tres años en Festival de Poesia de Medellín, lo tiene de preferencia en su agenda de trabajo.

Antonio dicta conferencias sobre poesía, lo hizo en Belgrado con bastante carisma, es huésped frecuente en Guatemala, Puerto Rico, pero mayormente en Nueva York. Me contó de su experiencia en Medellín. Se acercaban a abrazarlo y algunas niñas le preguntaron si le podían dar un beso. Se sintió maravillado de Colombia.

Va un abrazo, Neftali

Mario Pachajoa escribió:
Amigos payaneses:


Foto: Cronopios

Neftali Sandoval Vekaric, payanés, escritor, poeta, nos envía este hermoso cuento escrito por una indígena nacida en las selvas del Putumayo, en donde se hizo amiga de un antropolo holandés que le enseñó a leer y le regaló muchos libros que le contagiaron la necesidad de escribir cuentos como este. Alea Sanapí, que así se llama, tiene ahora 22 años. El cuento lo distribuyó Cronopios en diciembre de 2002.

Cordial saludo,


***

Y en silencio nos fuimos nunca supimos para dónde

Por Alea Sanapí


Cuando iba a terminar el año viejo regresé a Mitú para recoger todo lo que allí tenía porque quería que apenas comenzara el año nuevo los poetas me enseñaran más palabras para poder estar segura de mí misma, pero nadie quiso creerme que volvería al día siguiente a la ciudad donde había descubierto la poesía.
Tú no te puedes ir me dijo Eloy agarrándome duro la mano por la muñeca y preguntándome qué me había pasado si yo sabía bien que mi mundo era la selva y que en la ciudad me perdería como sucede con los patiblancos que se van del nido tan pequeños y después no saben cómo volver y si acaso lo logran algún día, sus padres ya están muertos de tristeza.
Yo le dije que no que en la ciudad había descubierto la poesía y que un poeta me había dicho que mientras la poesía estuviera conmigo nadie podría hacerme daño y Eloy entonces mirándome a los ojos, sin quitarme los suyos, ni sus lágrimas, me dijo qué es la poesía y yo le dije: suéltame y te digo y él me soltó y le dije por ejemplo, la poesía es una paloma blanca y él me llevó al palomar y dijo toma tenla para que no te vayas.
Pero no me entendía que la poesía no era una paloma blanca de verdad sino de eso que se siente cuando uno dice o escribe paloma blanca y traté de explicarle y él me dijo: estás loca y así no puedes irte y yo le dije no yo no estoy loca la poesía puede ser también algo sin nombre y él se quitó el sombrero y se secó las lágrimas y dijo que lo que hubiera que hacer para conseguirme poesía él lo haría porque él me quería y no quería que me fuera y yo le dije mira: eso, por ejemplo, puede ser poesía: quererme pero dejarme ir, que puedes seguir queriéndome aunque yo me vaya y nunca vuelva.
Y él se quedó en silencio y yo el silencio lo sentí poesía y entonces fui yo quien le cogió la mano pero suave y se la acaricié y puse mis ojos bien firmes en sus ojos y le dije: me voy de nuevo a la ciudad y si un día tú descubres lo que es la poesía, allá te espero; pero eso sí, te advierto que casi todos los poetas de la ciudad me aman y que yo amo a todos y sólo vine para despedirme; yo no creo que vuelva y si tú vas te quedas, pero tienes que decirme ahora mismo si estás interesado en la poesía o si sólo me quieres a mí para vivir conmigo y tener hijos y eso yo no lo quiero, lo que quiero es aprender muchas palabras que aquí nunca se dicen y que si se saben mezclar son poesía; y él me dijo que cuáles, por ejemplo, y yo empecé a decirle como si fuera una cascada de palabras: necoclí, salsipuedes, dónde, pajarito, ulalume, presagio, ventolera, feijoa, pasamanos, ayúdame, armadillo, gaviota, dulceabrigo, y yo notaba que a medida que iba diciéndole las palabras que a mí me parecían poesía, él iba quedando hipnotizado y me quería más y yo decía, por ejemplo, risa y a él le brotaban carcajadas del sombrero y si yo pronunciaba la palabra tranvía, él sacaba la lengua y se ponía la mano en la cintura; y si nombraba paranoia, él se lleva la mano al corazón y así estuvimos yo diciéndole palabras locas y él haciendo mil cosas que parecían palabras con las manos y los ojos y el cuerpo y el sombrero y el pelo que florecía lleno de patiblancos perdidos en el vuelo hacia nunca y fue cuando me dijo quiero irme contigo porque ya entiendo y siento qué es la poesía.
Y yo le dije, a ver dime palabras que sean poesía y él me dijo, no yo no puedo hacer poesía con palabras porque yo aún no conozco la ciudad, yo siento mi poesía en el aire de las manos y en cómo me da el sol sobre la cara o me resbala el agua por el pensamiento y yo quedé petrificada porque yo no sabía que de esa clase también podía ser la poesía y le acepté que se fuera conmigo a la ciudad.
Y así nos fuimos los dos al día siguiente en un avión, sin decirle nada a nadie, porque sabíamos que si contagiábamos a todos con la poesía todos querrían irse con nosotros y el pueblo entonces qué, para qué decir pueblo si es caserío, más bien aldea pequeña, casa de toda la familia y cuando ya estuvimos en el pueblo grande los poetas salieron a recibirnos, pero cuando me vieron llegar con Eloy se disgustaron y dijeron que yo no podía traer pareja porque todos me amaban y que Eloy se tenía que devolver y Eloy les dijo no señores, yo sé lo que es la poesía y ya tengo derecho de estar aquí con ella y les dijo la poesía no son sólo palabras y les dio explicaciones y demostraciones con sus manos y con sus miradas y con la manera de andar por entre el gentío y todos se quedaron asombrados y acordaron que lo dejaban, siempre y cuando con su manera de poetizar no enloqueciera a nadie y ni siquiera se habían dado cuenta que yo ya estaba loca por Eloy y que era mejor la poesía del silencio que la de las palabras y en silencio nos cogió el año viejo cruzando al año nuevo y en silencio nos fuimos nunca supimos para donde.
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