William Ospina, en máximas


Esta quinta entrega no hace parte ya de la reseña. Sucede que en la obra se van revelando frases que reclaman autonomía propia, y en consecuencia un trato distinto; es decir, que si bien hacen parte del contexto, conllevan una energía particular y un estilo específico. En suma, están más en el rango de esas construcciones discursivas conocidas como pensamientos, máximas, aforismos, frases célebres…
Esa naturaleza anima a darles un espacio aparte, en virtud de las características anotadas. En efecto, es como si hubiese en ellas una suerte de verdades incontestables, y un tono de «diálogo» que exhorta al lector a reflexionar, pensar, meditar, expresar su punto de vista… Son pensamientos hondos, esenciales y con una robusta capacidad de síntesis. Si me permiten, es el arte de expresar por la vía más simple las ideas más complejas, en circunstancias y momentos específicos y oportunos. Esas características, insisto, están aquí:
- No hay mejor manera de conocerse a sí mismo que mirándose en contraste con lo que es distinto.
- El verdadero nombre de la paz es la dignidad de los ciudadanos, la confianza entre los ciudadanos, el afecto entre los ciudadanos.
- La mayor riqueza posible es la menos palpable: el privilegio de compartir una realidad donde sea posible confiar en los demás y que los demás confíen en nosotros.
- No hay ceremonia más difícil y más necesaria que la ceremonia del perdón. Pero es el pueblo el que tiene que perdonar: no la dirigencia mezquina ni la guerrilla que tomó las armas contra ella.
- Donde se talan sin conciencia los bosques, no puede haber paz, porque los árboles, que todo lo dan y casi nada piden, que nos dan el agua y el aire, son los seres más pacíficos que existen.
- La idea de generosidad que tienen muchos grandes dueños de la tierra tiene un solo nombre: alambre de púas. Esa idea medieval de tener mucha tierra, mientras las muchedumbres se hacinan en barriadas de miseria.
Hay otras frases en la obra que no son de William Ospina, pero que se les puede aplicar el juicio de Michel de Montaigne: «Yo no cito a otros más que para expresar mejor mi pensamiento».
- “¿Acaso no destruimos a nuestros enemigos cuando los convertimos en nuestros amigos?”. (Lincoln)
- “… el egoísmo está en la entraña de la condición humana, que cuando la generosidad se levanta la codicia ya lleva horas trabajando”. (Scoto Eriúgena)
- “Los dioses labran desdichas para que a las generaciones humanas no les falte qué cantar”. (Homero)
Coleta: Suspendido el diálogo con el ELN (por incoherencias de ese grupo), hay quienes lo lamentan y quienes lo celebran; unos, porque entienden que el diálogo es la manera más civilizada de entenderse; y otros porque siempre han visto la guerra como el modo natural de vivir.
Pues bien, de la importancia universal del «diálogo», Friedrich Nietzsche ilumina con este pensamiento: «El matrimonio considerado como una larga conversación. En el momento de tomar estado debe uno hacerse esta pregunta: ‘¿Crees que podrás conversar con esa mujer hasta tu vejez?’. Todo el resto del matrimonio es transitorio; pero la mayor parte de la vida común está consagrada a la conversación».



