¿Voto finish a pesar de las encuestas?


¿Voto finish a pesar de las encuestas?

A pesar de las amañadas encuestas, grandes sorpresas pueden presentarse el próximo domingo, tal como sucedió en octubre de 2016 cuando todos daban por seguro el triunfo del Sí en el plebiscito para refrendar o rechazar los acuerdos con las Farc.
De todas formas, gane quien gane, la política colombiana sufrirá trascendentales cambios y realinderamientos que llevarán a la desaparición de algunos partidos y la fusión de varios para estructurar organizaciones más fuertes y coherentes en sus ideologías y programas.
El partido de la derecha surgirá del ‘arrejunte’ de todos los que finalmente fueron a templar a la carpa de Iván Duque, el candidato del Centro Democrático que los jalona a todos, incluidos a los gaviristas que como damnificados de una avalancha llegaron a pedir cambuche con sus paupérrimos 399.000 votos que sólo les sirvieron para dejar por fuera a Fajardo al boicotear su alianza con De La Calle.
El bloque de los alternativos, socialdemócratas o de centro izquierda, como quieran o decidan llamarse, se consolidará alrededor de quienes respaldan la candidatura de Petro. Estos ya no tendrán el fantasma de la estigmatización, que a todo lo que oliera a cambio y reformas, la ultraderecha asociaba a ser iniciativa de las Farc, como maquiavélicamente lo hacían Uribe y sus áulicos.
En medio de estos bloques puede organizarse un partido de centro auténtico liderado por Fajardo y por quienes van por el voto en blanco.
A lo largo de esta campaña ya se han presentado manifestaciones de esta tendencia al revolcón al interior de las organizaciones políticas colombianas.
Con la renuncia de Juan Fernando Cristo al partido liberal, el anterior marginamiento del senador Juan Manuel Galán quien se oponía a la consulta presidencial en noviembre, y la rebelión de nueve congresistas que tildan a Cesar Gaviria de ser el principal engañador de Humberto De La Calle, haciéndole creer que él y los congresistas liberales respaldaba su candidatura presidencial y además lo acusan de ser protagonista del entierro de pobre del otrora ‘glorioso partido’ de Gaitán y Galán, se evidencia un fenómeno de quiebre, de la pegada con babas, puestos, plata y contratos, unidad alrededor de los privilegios derivados de controlar el gobierno, por parte de las organizaciones políticas desprendidas de los partidos tradicionales después de la entrada en vigencia de la Constitución del 91.
En Cambio Radical días antes había presentado su renuncia como senador y militante de ese partido, el senador Carlos Fernando Galán, también hijo de Luis Carlos Galán Sarmiento, el líder asesinado en agosto de 1989 por la mafia que al final gobernó a Colombia.
Al ser los votantes cada vez más independientes de la voluntad de los gamonales de los partidos tradicionales y de coalición de gobierno entra en crisis la solidez del clientelismo como mecanismo para perpetuarse en el poder y atender intereses de dirigentes y grupos políticos que se han apoderado de las diferentes regiones del país, amparados en las listas preferentes y en la negación y boicoteo a la Reforma Política y Electoral que pondría en peligro sus feudos clientelares.
El que los votos del liberalismo, Cambio Radical y la “U”, en la primera vuelta presidencial fueran tan pobres en respaldo a De La Calle y Vargas Lleras, con relación a los logrados en las elecciones para Cámara y Senado, indica que los ciudadanos, así les den almuerzo, trago, plata y hasta puesto y contratos, ya no les comen cuento a las órdenes de sus jefes y votan por quien se sientan representados, sobre todo en las elecciones para Presidencia, lo que se manifestó en la copiosa votación por el candidato de la Colombia Humana, en el Cauca, Valle, Nariño y otros departamentos.
El reconocimiento de esta realidad obligó a que en el Cauca, para el 17 de junio, el senador Temistocles Ortega Narváez, elegido en representación de Cambio Radical y con votos de liberales que apoyaron a Carlos Bonilla y Crisanto Piso, en asamblea de su movimiento, haya aceptado la decisión de las mayorías de respaldar a Petro y desde antes de la primera vuelta, dirigentes liberales como el exrepresentante a la Cámara Jesús Edgar Papamija y el excontralor Departamental Nelson Paz Anaya, ya estaban respaldando a Petro y en igual sentido crecen los pronunciamientos de liberales de base.
Oponiéndose a la aplicación de las pocas reformas acordadas en los diálogos de paz, nos hicieron creer que al país se lo iban a tomar las Farc. Éstas, con sus poco más de 50.000 votos obtenidos en las elecciones de marzo, nos demostraron que el fantasma que les había servido para estigmatizar a quienes se oponían al régimen desde la oposición legal no era más que un pretexto para mantener a Colombia en manos de las mismas castas de delfines que se la vienen rapiñando desde la Independencia.
Minimizado el coco de las guerrillas, la consigna era de tratar de ‘castrochavistas’ y ‘mamertos’ a todos los que propusieran tímidos cambios en esta sociedad que desde los tiempos de Rafael Núñez, Laureano Gómez y Álvaro Uribe, sigue manejada por los mismos ultraconservadores de siempre, quienes a punta de leguleyadas maquiavélicamente tejidas, más la violencia abierta y soterrada agenciada por chulavitas, paracos y calumniadores de oficio, han perseguido a quienes intentan cambiarla en beneficio de la mayoría de población.
Por primera vez, sumados los resultados de Fajardo, Petro y De La Calle, quienes proponían cambios significativos en la sociedad colombiana obtuvieron más de nueve millones votos en la primera vuelta, que si de atrás para adelante no le permiten ganar en el envión final a Petro, no podrán ser ignorados por el indigesto sancocho clientelista que fue a parar a la olla de Duque.
Por primera vez, el candidato perdedor será senador y jefe de la oposición, lo que impedirá la manguala y contubernio sin control de las pirañas de los ‘cupos indicativos’, regalías, contratos y nómina oficial, en el que se ha convertido el rutinario Congreso y la administración de los gobiernos nacional, departamentales y municipales.
Vote por Fajardo en la primera vuelta porque por su experiencia administrativa en Medellín y Antioquia, su estilo de gobierno pausado de buenos resultados y el acompañamiento de dirigentes con experiencia administrativa, podría gobernar mejor asesorado y en ambiente menos polarizado que el propuesto por Petro y su equipo, hasta entonces muy limitado, tanto por los pocos congresistas ganados en las elecciones de marzo, como por su posible gabinete de gobierno.
Pero para la segunda vuelta decidí respaldar a Petro, al superar la primera vuelta y a su campaña haberse sumado experimentados líderes como los exalcaldes de Bogotá y Pasto, Mockus y Navarro, la senadora Claudia López, y la mayoría de integrantes del Polo Democrático, el Partido Verde, seguidores de Fajardo y descontentos del rastrero entreguismo de los dirigentes de los partidos Liberal, Cambio Radical, etc., que sin pudor fueron de rodillas adonde Duque.
La alternativa democrática al régimen retardatario que las elites clientelistas y corruptas le han impuesto al país, se construye en el camino y puede triunfar unidos alrededor de un programa viable.
El que para ministros de Hacienda para el gobierno de Petro, se escoja entre Antonio José Ocampo, economista con años de experiencia en la Cepal y varios organismos internacionales y asesor de varios gobiernos y el exdirector del Banco de la República, Juan José Echavarría, es prenda de garantía para que su gobierno no llegue a improvisar en un campo tan sensible como el manejo del presupuesto nacional y la Hacienda Pública.
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