Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Jueves:
Popayán 5 y 6
Cali 5 y 6
Jueves, 15 de octubre de 2026

Voces que forjaron el periodismo

Voces que forjaron el periodismo 1

Voces que forjaron el periodismo
De obras maestras a las leyendas de Quilichao

Alfonso Luna Geller

«¿No tienes enemigos? ¿Cómo que no? ¿Es que jamás dijiste la verdad, ni jamás amaste la justicia?»: Eduardo Galeano.

«Si una persona tiene talento, se le puede preguntar la cosa más trivial del mundo: siempre responderá de modo brillante y profundo. Si una persona es mediocre, se le puede plantear la pregunta más inteligente del mundo: responderá siempre de manera mediocre.» Oriana Fallaci.

En ocasiones, la memoria se activa por una imagen inesperada, una frase perdida entre algoritmos, o una mención que regresa con la fuerza de una biografía sin fecha de vencimiento. Hoy, desde Santander de Quilichao, esa chispa llegó navegando en un post de Facebook: “Juan Harvey Caicedo, extraordinaria voz, locutor insigne, mejor declamador”. Así lo recordó Víctor Manuel Donney’s Aponte desde el portal Memorias de Santiago de Cali, y con ese guiño, desató mi propia nostalgia.

Yo había hecho mis pininos en periodismo (El Vocero Estudiantil) cuando me gradué bachiller, en 1970. Pero fue como estudiante de la Universidad del Valle cuando comencé a encauzarme en el oficio como vocación.

En medio de los disturbios estudiantiles de principios de la década de los 70, me impactó positivamente la lectura analítica de la obra Las venas abiertas de América Latina (1971).

Era una narrativa que desnudaba la historia oculta de América Latina, esas verdades que no aparecen en los libros escolares ni en los discursos oficiales. La forma en que se explicaban los abusos económicos, los saqueos políticos y las traiciones internas, con un lenguaje que rozaba la poesía y la denuncia, me reveló que el periodismo podía ser literatura con propósito, memoria con filo.

Ese libro desentrañaba los hechos que la historia oficial prefería esconder o distorsionar, una prosa que, como confesaría su autor, se concebía como un «manual de divulgación que habla de economía política en el estilo de una novela de amor o de piratas».

Posteriormente, con la interpretación crítica de la obra Entrevista con la Historia (1974), sentí el vértigo de la gran entrevista como ejercicio de confrontación y verdad. Era una colección de entrevistas sin complacencias que me enseñó que preguntar es un arte que solo cobra sentido si se hace desde la convicción y no desde el servilismo. Cada encuentro narrado en ese libro es un duelo entre la palabra y el poder.

Comprendí entonces que el periodismo, en su máxima expresión, es un acto de valentía y de inmersión en la complejidad humana y social. Es la búsqueda incansable de lo que yace bajo la superficie, la capacidad de conectar con la esencia de los hechos y las personas. Fue a través de estas lecturas que entendí que el verdadero periodista no solo cuenta historias, sino que las desvela, las interpela y las sitúa en su contexto más crudo y humano.

Fue así como conocí a sus autores, figuras que encarnaron con maestría estos principios. El uruguayo Eduardo Galeano fue un maestro en divulgar verdades incómodas, un narrador que elevó la economía política a la categoría de épica, revelando que el amor por la justicia a menudo genera enemigos, pero también una verdad inquebrantable. Por su parte, la italiana Oriana Fallaci, se convirtió en un ícono por su estilo provocador, rebelde y controversial. En ese libro, que aún conservo en mi biblioteca como un tesoro, ella entrevistó a los 26 personajes que en su momento impactaban en el universo. En esa obra, demostró que el talento puede extraer brillantez y profundidad incluso de lo más trivial; por eso, dejó el legado de hacer periodismo sin genuflexiones.

El eco de maestros en tierras quilichagueñas
De obras maestras a las leyendas de Quilichao
Mural en Santander de Quilichao, en homenaje a Juan Harvey Caicedo

Estos recuerdos, que forjaron mi vocación, me llevaron al eco más cercano que hoy vi en Facebook.

Juan Harvey Caicedo, nacido aquí mismo, en Santander de Quilichao, nos dejó en 2003 a sus 66 años, tras una vida dedicada intensamente a las ondas radiales. Su voz se hizo muy popular en programas como «Pase la tarde» y «La Luciérnaga» en las cadenas Caracol y RCN, en la emisora JHJCK y en Radio Metropolitana.

Fue, además, uno de los fundadores de la televisión y el cine en Colombia, y presidente de la Asociación Colombiana de Locutores. Su pasión por la cultura llanera lo llevó a grabar numerosos poemas como “Tributo al Llano” y “Ser llanero cuesta caro”, que aún hoy resuenan con la fuerza de la tierra.

En televisión, lo vimos como presentador en «Nostalgia», en el programa periodístico «Testimonio» y en el deportivo «Fútbol». Incluso, su voz trascendió la pantalla grande, doblando producciones cinematográficas como «La víbora» (1967) de Alfonso Gimeno y «Canaguaro» (1981) de Duna Kuzmanich.

Pero la historia de Juan Harvey no puede contarse sin la de su hermano, otro gigante del periodismo también quilichagueño: Antonio José Caballero Velasco. Antonio José, siete años mayor que yo, fue para mí un maestro en muchas ocasiones. Conocido como el «Reportero de Colombia», nos dejó en 2013 a sus 68 años, con un legado de cinco Premios Simón Bolívar. Su voz y su pluma pasaron por RCN Radio, Caracol Radio, fue presentador del noticiero de Cinevisión, y posteriormente columnista de los diarios El País y El Tiempo.

De obras maestras a las leyendas de Quilichao

Para mí, estos dos hermanos fueron una inspiración constante. En ellos, el periodismo era una pasión que corría por sus venas. Si bien Juan Harvey fue la voz inconfundible y el divulgador de la poesía y el folclor llanero, Antonio José fue el perseverante, el periodista polémico, irreverente y frentero. Recuerdo una ocasión en RCN donde nos recibió con la calidez de un entrañable amigo y la firmeza de un periodista combativo. Su legado es un recordatorio constante de que el talento, la pasión y el coraje son el verdadero motor de este oficio, y un orgullo para nuestra Santander de Quilichao.


Otras publicaciones de Alfonso Luna Geller en Proclama del Pacífico:

Alfonso J Luna Geller
[email protected]

 

Articulos relacionados