VILLA RICA UN MES DESPUES DE LA BARBARIE
UN VISTAZO A VILLA RICA
Por Alfredo Viveros Balanta
Al cumplirse un mes de los infortunados hechos protagonizados por los enemigos de la paz, vale la pena hacer un balance de la situación posterior a los acontecimientos.
Es evidente el impacto negativo y la afectación en todos los sentidos. En tan poco tiempo descubrimos una población psicológicamente enferma. En el seguimiento posterior que hemos realizado encontramos casos como escuchar un niño de escasos cuatro años preguntando insistentemente si volverán a colocar otra bomba, por qué hicieron eso, por qué no han arreglado la Estación, refiriéndose al cuartel de la policía. Otro infante con una arma de palo en sus manos y en medio de las ruinas entonando una canción protesta en contra de la guerra, una niña que llora inclementemente cada que ve en televisión una noticia similar, un grupo de infantes escondiéndose al escuchar el sonido de los helicópteros, personas que prefieren caminar por otro lado para evitar pasar por el sitio fatídico. No se puede correr una silla, el simple sonido de la sirena de bomberos causa terror. Pero lo más preocupante es que muchas de las familias residentes en el entorno ya no quieren volver a sus casas por nada del mundo. La maquinaria pesada y las volquetas recogieron los escombros pero difícilmente se podrá borrar de la mente de los villarricences lo ocurrido.
El dato final de los afectados, sumando pérdidas de vidas, heridos y daños a muebles e inmuebles es de 286 en forma directa según informe de la personería municipal, pero si analizamos el verdadero impacto psicológico encontraremos que los 15.200 habitantes de este municipio quedaron afectados de alguna forma.
El Departamento Administrativo para la Prosperidad, (programa de la Presidencia de la República) se hizo presente con un auxilio para algunas de las victimas en lo que se denomina ayuda inmediata, pero en comparación con los daños, son solo paños de agua tibia y las personas residentes cerca al objetivo central de los violentos que era la estación de policía, continúan a espera de una ayuda efectiva.
No se sabe cuál será el futuro en relación con la salud, pues el centro de atención adscrito a la ESE Norte 3 sigue prestando su servicio al lado de las ruinas de la sede policial y muchas personas se resisten a ir hasta allá para recibir la atención, por el impacto psicológico que produce estar cerca al sitio que antes representaba la seguridad y hoy es símbolo de la guerra y destrucción.
No se puede pretender que con promesas las gentes olvidarán lo ocurrido. Aquí se necesitan hechos que solucionen el problema y que no se resuman al aumento de pie de fuerza únicamente, aunque ni en esto se ha cumplido, pues la policía confirmó para el municipio un número superior a 80 unidades y a la fecha continúan los mismos policiales que estaban antes del atentado concentrando su actividad en vigilar lo que quedó de su cuartel.
El comercio en la zona está en la bancarrota, pues sumado a los daños se cerró el paso de vehículos por la calle principal de la ciudad impidiendo la llegada de compradores, por lo cual algunos comerciantes ya están contemplando la posibilidad de trasladarse a otro sitio.
Es evidente que Villa Rica ya no será el remanso de paz del cual sus habitantes se ufanaban, por más que se quiera maquillar lo ocurrido.
Una determinación que los organismos del Estado deben tomar cuanto antes es la reubicación de el centro hospital aunque muchas personas prefieren que sea la estación de policía.
Ante todo lo ocurrido se debe resaltar el apoyo que la comunidad presta a la institucionalidad, incluida la policía, pero exige una mejor atención a sus problemas y que los violentos no la involucren en una guerra que no le pertenece.
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