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Jueves, 1 de octubre de 2026

VIENTOS Y CUERDAS JÓVENES EN CALI

VIENTOS Y CUERDAS JÓVENES EN CALI
Bulevar de los días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano.
VIENTOS Y CUERDAS JÓVENES EN CALI
Guitarrista David López y Trío Vanessa Burbano, Pablo Arcos y Freddy Colina.

Tiene que estar uno loco para esperar cada miércoles que el reloj llegue hasta las 7:15 p.m. Entonces, salgo corriendo de la mano de mi novia a quien acolito desde hace muchos años a escuchar el concierto de la semana en la Sala Beethoven.

¿Quién en sano juicio echa a correr a esa hora a llenar una sala vacía por falta de público que quiera escuchar flautas y una guitarra mora? Porque el Instituto de Bellas Artes tiene cada ocho días menú gratuito con música de cámara, acordes con la Banda Departamental, coros de la Escuela de Música Antonio María Valencia o presentaciones de las Filarmónica de mayores o de jóvenes. Muy pocas veces hemos visto la sala llena.

El pasado miércoles hubo un plato suculento. El trío de flauta traversa integrado por estudiantes de la Universidad del Cauca ofreció un concierto de tono extraño. Una sonata, tres serenatas y una variación de La Piragua del maestro José Benito Barros. Hicieron retroceder nuestros oídos para confinar con los siglos XVII, XVIII y XIX hasta la llegada de uno de nuestros íconos de la música de la Costa Caribe.

La suavidad de la flauta traversa, o tocada por su lomo, es propicia para interpretar piezas populares y sencillas como las sonatas o los bailes de rondas infantiles y de pequeñas salas familiares en la época tardía medieval. Inició Flutrío integrado por Vanessa Burbano, Pablo Arcos y Freddy Colina con una sonata francesa popular con cuatro movimientos muy rápidos y alegres del autor Joseph Bodin de Boismortier.

Vino luego del Intermedio el guitarrista David López cundinamarqués, de Fusagasugá. Empezó con el preludio y otro rondó de una Suite para Laúd de Johann Sebastian Bach, Invocación y Danza del español Joaquín Rodrigo y, para terminar, ofreció Miniaturas para Alejandro del compositor vallecaucano Gustavo Niño que se hallaba en la Sala.

Sorprendió a los presentes, en su mayoría músicos y estudiantes de Bellas Artes la maestría del joven intérprete de la guitarra. La digitación sobre las cuerdas es prodigiosa y lo convierte en un virtuoso con una facilidad y plasticidad admirables. Fue una grata revelación no anunciada con bombo, pero esta presentación hace prometer que será uno de los máximos exponentes de la guitarra clásica en cualquier sala.

Sale uno de uno de estos conciertos con el cuerpo en vilo como si hubiera asistido a otra pieza de Bodin: El Quijote en la casa de la Duquesa. Y se siente en su interior que la musa Euterpe ha rozado la médula. Porque el tímpano sigue sonando con el rasgueo de los dedos en la guitarra y el dulzón sabor de las flautas en un baile imaginario que nos trajo Flutrío con sus piezas medievales.

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