VÉLEZ Y AUDAZ / EL BLANCO DEL VALLE / EL TAL CENSO


VÉLEZ Y AUDAZ

Si el Superintendente de Industria y Comercio, el temido doctor Robledo, hubiese leído el libro de José Alberto Vélez, el hombre que heredó el poder mayúsculo en el Grupo Empresarial Antioqueño, no habría tenido necesidad ni de demorarse tantos años para volver política su decisión contra los cementeros, ni mucho menos que hubiese redactado su argumentación sancionatoria tan pobremente.
Si el resto de empresarios colombianos, o al menos los otros 4 que integran el grupo que responde según los investigadores económicos europeos, por el 12.5% del PIB colombiano, leen este libro en donde se da una clase magistral de cómo, con verdadera audacia, se puede ir haciendo evolucionar una empresa que molía piedra en las montañas antioqueñas en 1930, hasta convertirla en la mayor multinacional que tengamos hoy en día los colombianos, en breve tendríamos un nuevo prestigio que acrecentar junto con ciclistas y futbolistas: el de grandes empresarios.
Vélez, que manejó con rienda dura al grupo y lideró la construcción del enroque de la tradicional fábrica de Cementos Argos, desde donde la gestaron los sobrinos de Tomás Carrasquilla hasta convertirla en el Grupo de Inversiones Argos y logró igualarla a los otros dos símiles, Nutresa y Sura, que constituyen los tres pilares de ese monstruo empresarial, y a veces inentendible, del GEA, ha publicado un libro modesto, pero apabullante ,titulado “CRECER CON AUDACIA”, donde esa historia desconocida aunque vuelta realidad puede aprenderse como método con la facilidad conque lo hicimos tantos colombianos con nuestras primeras letras en la Alegría de Leer de Evangelista Quintana.
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EL BLANCO DEL VALLE

Colombia ha sido por siglos aguardientera y construyó, sobre la herencia española que desplazó a la chicha, una estructura alcabalera envuelta en el papel de celofán de la moral católica que autorizaba ponerle impuestos a “los vicios” para volverlos más costosos y menos alcanzables por el pueblo. En tantos siglos bajo ese régimen, los colombianos cada vez toman menos aguardientes, aprendieron a tomar ron y en breve con las medidas proteccionistas del tándem Santos / Cárdenas, nos tendrán a todos bogando wiski.
Como anuncio oficial del cambio de costumbres, en el Valle, el aguardiente Blanco, que por casi un siglo había sido el sostén de la renta del departamento, hizo públicas cifras que demuestra que ya no lo compran y que el Ron Viejo de Caldas no solo se vende al doble sino que le entrega una renta pulpita a la gobernadora Dilliam pues no le cuesta fabricarlo sino cobrar el impuesto de su venta. Las razones corregibles del bajón aguardientero vallecaucano se pueden encontrar en muchas partes, pero cuando la terquedad y el compadrazgo se imponen por encima de números y evidencias, poco o nada puede hacerse.
El país ha cambiado muchísimo y en materia de impuestos a los vicios mucho más. Ya no se cobra impuesto a las cartas de naipe o a los dados, pero si al chance y a las loterías. Ya no dejan vender chicha pero a las cervezas les cobran menos impuestos y se venden más. No se justifica entonces mantener por capricho valluno una fábrica de licores manejada torpemente por el estado cuando hay tantas fórmulas para no perderla y ponerla a funcionar bien.
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EL TAL CENSO

Sin llegar a los extremos de la algarabía que le hicieron a Santos las gentes del año nuevo en Cartagena, me temo ,como todos los colombianos, que el tal Censo Nacional será otro estruendoso fracaso, como lo fue la Reforma Tributaria Oligarca. Y no es de esperar otra cosa. Es un Censo que apareció de la noche a la mañana, al cual no le han gastado ni la publicidad que contratan a borbotones con los prietos ni la divulgación entre los políticos para que, en año electoral, hubiesen podido enlazar a mucha gente que les ayude a conseguir los voticos de la mermelada.
Según el boletín de prensa que repartieron el lunes de fiesta, un día antes de que comenzara este nuevo fiasco del gobierno Santos, ayer se dio inicio al censo electrónico mediante el cual quien quiera entrar de afiebrado a la página del Censo Nacional (que muy pocos conocemos) y llenar el formulario de las 50 preguntas, puede hacerlo ahorrándole el trabajo a los encuestadores puerta a puerta. Pero no le economiza tiempo al pobre pendejo que se adelanta a llenarlo por internet porque el día que le visiten los encuestadores, debe estar presente y mostrarles una copia de lo que llenó, con número del registro y cédula en mano.
Y si usted y su mujer trabajan y la casa permanece sola durante el día y si llegan a faltar al trabajo pierden el empleo, pues se jodieron porque donde no contesten el censo, les mandan la multa, que no dicen ni cuánto es ni cómo se decreta ni cómo se cobra, como todo en este gobierno de pipiripao. En otras palabras, ¿estaremos frente a la última monumental embarrada del gobierno Santos y otra vez nos quedamos sin saber cuántos somos y qué tanto hacemos los colombianos?
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