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Domingo, 4 de octubre de 2026
domingo 12 febrero, 2017 a las 10:28 am

URBANIDAD Y CIVISMO A LAS MALAS

Código-de-polícia-4

Entre los muchos y variados comentarios que se han escrito a propósito de la entrada en vigencia a partir del pasado lunes 30 de enero de 2017 con carácter pedagógico durante 6 meses del nuevo Código Nacional de Policía y Convivencia, o Ley 1801 de 2016, hay uno que me llamó la atención y que motivó la presente columna a propósito del tema, tan en boga hoy en día y que está sacando como se dice por allí “ronchas y más ronchas, imposibles de sanar”. Sin entrar en más dilaciones y explicaciones, vamos al grano. Dice Jaime García en El País (martes 31 de enero/17, sección Cali): “Imposible que un código reeduque a los colombianos de la noche a la mañana, cuando acá hay una crisis de valores en los hogares, donde no enseñan a convivir, menos a respetar”.

Creo en mi concepto personal que el mencionado ciudadano tiene toda la razón, y le sobra. En primer lugar, imposible que en 6 meses con estilo “zanahoria”, la mayoría de los ciudadanos infractores aprendan a comportarse bien, como por arte de magia, usando una varita mágica estilo hada madrina, asistiendo a unos cursos ciudadanos para que aprendan a “ser buenos” ante la sociedad (quedando de todas maneras reportados en el Registro Nacional de Medidas Correctivas). Esos cursos ciudadanos son pañitos de agua tibia que intentan remediar la gran falta de cultura ciudadana desaparecida en algunos hogares y familias, ya desmembrados por diversas causas económicas y sociales, donde la unidad familiar brilla por su ausencia, en medio de un machismo a la quinta potencia y en donde la mujer se convierte en la protagonista esencial de lo que queda en el aspecto familiar, siendo ella la “reina” de los hogares con su doble rol de ser padre y madre a la vez, admirándolas de parte mía por su valor y dedicación al frente de los mismos.

Esa descomposición familiar conduce inevitablemente a la crisis de los valores, hoy en boca de todo el mundo, siendo el motivo de preocupación número uno de los especialistas en esas materias. Podríamos afirmar, de acuerdo con lo comentado antes, que, si hay crisis familiar, hay crisis de valores y todo el andamiaje social se resquebraja y por esto, estamos como estamos. Es decir, la raíz de la falta de convivencia, del respeto y los demás valores, reside en la falta de unidad familiar. Para rematar esta situación preocupante, al inefable Estado colombiano en manos de funcionarios incompetentes se les ocurre la “brillante idea” de borrar de los programas curriculares las asignaturas de la urbanidad y el civismo, que hoy tanta falta nos hacen, debiendo hacer las instituciones escolares muchos esfuerzos y actividades para rescatar en parte esas asignaturas fundamentales para el diario sabe vivir.

En medio de ese escenario antes descrito, aparece el mencionado código que intenta en 243 artículos tratar de rescatar esa convivencia perdida. En mi concepto personal, es un intento estéril, pues las acciones hechas a la fuerza, casi a las malas, no conducen a ningún puerto. Como dijo alguien por allí, muy preparado: “es un adefesio, es decir, un despropósito, un disparate, una extravagancia”. Como dice el refrán: “después de sacado el ojo, ya no vale Santa Lucía”. Vale decir, después de acabarse la urbanidad y el civismo, ¿para qué un Código de Policía?

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