UNASUR O UNA OPCION EMBOLATADA
JOSE LOPEZ HURTADO*
El catecismo de UNASUR –tras el tortuoso proceso de la fallida integración de nuestros países-contempla en sus estatutos como artículo de fe, básicamente, el salto cualitativo de una perspectiva subregional a la regional, a pesar de que, según algunos analistas, las fuerzas disociadoras que se mueven a su interior, podrían ser más fuertes que las que cohesionan al novel organismo. Todavía es demasiado prematuro para adelantar un dictamen sobre lo recorrido en estos años y sobre las metas que se propusieron sus gestores: aclimatar un avance en el entendimiento y armonía política, buscar la consolidación de instancias democráticas, fortalecer el respeto a la democracia participativa y la interconectividad física, entre las más importantes. Sin dejar de mencionar, por supuesto, la fundamental -como corolario- de avanzar hacia una definitiva instancia de integración, en procura de alcanzar la anhelada identidad latinoamericana. Hay quienes señalan que 2009 fue un año emblemático como consolidación de UNASUR en su empeño de fungir como actor regional al desatar la crisis política de Bolivia y de inaugurar -al menos retóricamente- una nueva era de control en los gastos de defensa -caso de las bases militares de E.U. en Colombia-, ampliando así la agenda hacia temas multilaterales, a iniciativa de Chile, que hizo público el debate sobre los gastos de defensa y militares.
En ese estadio, comentaron algunos observadores, comenzó a hacerse más evidente la percepción de que el organismo comprometería sus esfuerzos -deliberadamente añadiríamos-, de desplazar a una agónica OEA -en cuidados intensivos hace mucho tiempo-, como portavoz de la Casa Blanca en la región. Con un ingrediente adicional -que para este caso ha sido sintomático-, señalado por Tinker M. (“ Commentary:Challenges for Latin American Laft in 2009”), cual es la unificación de la izquierda alrededor del tema de la integración (Unasur, CARICOM, Grupo de Rio), y el aliento entusiasta a una multipolar política exterior que rechaza a Estados Unidos como única potencia mundial y exclusivo interlocutor de los países al sur del Rio Grande.
Confesión de credo, por supuesto, que se identifica con el del ALBA, en su afán de contener la hegemonía de Norteamérica y como proyecto contrapuesto al de ALCA, verdadero espantapájaros de la integración, según los voceros de la alternativa bolivariana. Libre comercio e inversión como puntas de lanza del neoliberalismo, frente al papel del Estado regulador, en últimas.
Lo expuesto resiste cualquier análisis, imposible por supuesto de agotarse por las consabidas limitaciones de espacio en estos casos.
Pero lo que sí riñe con cualquier argumento es lo ocurrido recientemente en Campana, Buenos Aires, durante la cumbre del organismo que nombró como Secretario General a Néstor Kirchner, quien habilidosamente, orquestado por los niveles de gobierno más altos de su país, montó su propia elección, la cual excede ampliamente sus conocimiento en materia internacional y evidencia cómo, al igual que cuando ocupó la Casa Rosada, no guardó escrúpulo alguno para colocar por delante sus aspiraciones personales, que en definitiva no son otras que volver a la Presidencia argentina en 2011.
Triste papel para el que se prestó UNASUR, máxime cuando con dicha elección, al no contarse con la ratificación de sus estatutos y estar actuando prácticamente como una organización de hecho, estaría bordeando prácticamente los linderos de la ilegalidad continental.
*Analista Internacional, Colombia.
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