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Jueves, 8 de octubre de 2026
jueves 12 abril, 2012 a las 7:01 am

UNA PINTURA DE DIEGO RIVERA

Rodrigo Valencia Q
Especial para Proclama del Cauca
                                            

El pintor mejicano Diego Rivera permite aquí una mirada lírica; no aparecen el grito social ni el aparato político, constantes en su obra; la intención decorativa, lúdica, habla por esos ojos monos y ese hermoso cuerpo reclinado. Asombra la estructura clásica del cuadro, original sin embargo en la manera como los dos manojos de cartuchos vitalizan la atmósfera y llenan la composición de manera inusual. El color, vivo y grácil, impera con luz diáfana, brillante, como la placidez de ese rostro… Ella descansa sin descansar, porque la pose exige resistencia para permanecer en esa actitud hierática. El papel caído en la esquina (¿una carta?), propone un ángulo inexplorado para la mirada que inquiere en este clásico asunto del retrato allí propuesto. La figura en diagonal absorbe la visual con ascenso poético; eréctil, atrae con la delicadeza y precisión del dibujo. La contemplación reclina el ánimo; la sospecha de un enamoramiento tácito borda suposiciones, transigencias con el deseo satisfecho, en los secretos de esa historia que se ensancha como canto luminoso. La elegancia de la dama, su porte aristocrático, pueden constituir teorías infundadas para quien habla con esa delicia muda. Todo puede esconder un cuadro que aconteció en la intimidad del pintor; nosotros sólo miramos el testimonio de lo que dejó una historia sin confesiones palpables ni torrentes de palabras (que yo sepa). Éstas nacen después de hacer el ejercicio de mirar, de pasar los ojos por esas formas admirables, por ese recinto que contrae los sentimientos en mil miradas auspiciosas, regocijantes. El arte es un placer cuando llena en nosotros la copa sensual del alborozo, aunque éste puede ser un criterio que cayó entre pérdidas y catálogos del olvido. No importa; aquí el placer que se deriva de la contemplación es un sol insólito, que insiste en quedarse en la retina como magia para el día. Un sol que llama a la fiesta con su vino sensual enajenante, un sol nuevo para el ojo que despierta y atiende.

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